Abrir los Caídos para usar, quedar... conservando el conjunto monumental

Rosario Sainz de los Terreros

Publicado el 24/03/2025 a las 07:18

Después de casi ochenta años, entre las dudas de unos sobre qué uso darle, y de otros que apuestan por extrañas soluciones e incluso por su derribo dado su origen franquista (si es por el origen, también podríamos derribar las murallas, que seguramente fueron construidas por fachosos redomados, ¡franquistas anticipados!), tenemos la casa sin barrer, el monumento vacío y muerto de risa, o de pena, ahí, en mitad de la ciudad, como una sombra vergonzante. Cerrado a cal y canto por los resentimientos de un lado y las indecisiones de otro.

Libre de connotaciones políticas y religiosas, el edificio pide ser abierto y utilizado: llenarlo de cafeterías, bares, restaurantes..., un lugar idóneo para quedar. Alguna sala de exposiciones, o de la tan traída memoria, sobre el período de la guerra en Navarra o del franquismo (siempre desde el punto de vista de todos los bandos, claro); algún recinto polivalente se podría adaptar también para conferencias, conciertos, obras de teatro, donde debe de estar actualmente la cripta, por ejemplo. Un centro de ocio, hostelería, comercio en suma, con una gran cafetería debajo de la cúpula, un equivalente al café Iruña de la plaza del Castillo, un Iruña 2. Asimismo se podrían habilitar los arcos adyacentes como galerías de tiendecitas, al igual que en los aeropuertos -cabe incluso una segunda planta-, y acristalarlo todo para perjudicar lo menos posible su arquitectura y hacerlo más ligero, abriendo quizá también algunos huecos para la entrada de luz en la parte central. Se aprovecharían las cuatro terrazas al pie de la gran cúpula para cafeterías o restaurantes acristalados, ahora que existen unos cerramientos de cristal fantásticos, para poder disfrutar de las vistas tanto en invierno como en verano. Igualmente sería posible subir a lo alto de la cúpula, desde donde se adivinan unas vistas aún más extraordinarias de toda Pamplona.

Suprimiendo el estanque de la plaza ganaríamos una zona de parque ajardinada, con espacios de juego infantiles y juveniles, tal vez algún quiosco de cafetería, y espacios abiertos. Para ganar comodidad habría que quitar la mayor parte de las escaleras y acceder directamente al edificio por donde está lo que constituye en la actualidad el sótano, aunque fuese rebajando la cota de entrada, y reformar éste lo más posible para mayor aprovechamiento.

Serían pequeñas modificaciones, pero se conservaría el conjunto monumental en su esencia. Cambian los tiempos, cambian las sociedades. La ciudad ha crecido mucho, hay numerosos barrios nuevos bien conectados entre sí, y sería una apuesta por la utilidad y el disfrute de todos mientras conservamos nuestro patrimonio.

Rosario Sainz de los Terreros

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