Mejor calladitas

Silvia Amezketa, Olaya Fernández, Oihana Garmendía, Ana Larripa, Izaskun Resano y Laura Sanz

Publicado el 08/03/2025 a las 08:23

El profesorado de la Escuela de Educadoras y Educadores de Pamplona, mayoritariamente profesoras, muchas veces miramos con preocupación el futuro de nuestro alumnado, mayoritariamente alumnas. Ellas se están formando como profesionales de intervención directa, en su mayoría, en el ámbito de los cuidados. Futuras educadoras infantiles que acompañarán a nuestra infancia en sus primeros años, futuras especialistas en apoyo educativo que facilitarán el acceso a una educación inclusiva del alumnado con necesidades educativas especiales, futuras integradoras sociales que intervendrán con los colectivos más vulnerabilizados, futuras técnicas que acompañaran a las personas en situación de dependencia, trabajadoras familiares, animadoras socioculturales, mediadoras comunicativas, promotoras de igualdad y un amplísimo abanico de profesionales que hará del mundo un lugar más amable, como vienen haciendo desde hace décadas.

Y lo harán con dedicación y muchísima profesionalidad, pero también con muy poco reconocimiento y mucha precariedad laboral. Y es que la realidad nos indica que en los colectivos profesionales feminizados las condiciones laborales son peores y su lucha laboral es mucho menos escuchada. La brecha salarial proviene de estas y de otras causas. Y todo esto, como sus docentes, nos preocupa y nos preguntamos qué podemos hacer al respecto. Menos mal que el Dpto. de Educación, con sus decisiones, nos está marcando claro el camino: acostumbrarlas cuanto antes a la precariedad, falta de reconocimiento y toma de conciencia de que nunca van a ser una prioridad para la Administración. Para ello, por ejemplo, la escuela ha sido trasladada 6 veces en 30 años, porque vamos creciendo y nos ubican en instalaciones que desde el primer momento son insuficiente. De hecho, este curso se nos ha trasladado a unas instalaciones donde no cabemos y, además, incumplen aspectos relacionados con la seguridad laboral. Ha sido muy buena idea, porque esto nos lleva a prácticas tan inclusivas que tenemos dos F.P.E. compartiendo un mismo espacio. Además, el no disponer de los talleres específicos que la normativa establece como mínimos para su formación, normativa que ellos mismos regulan, es una buena estrategia, no vaya a ser que nuestras alumnas se nos acomoden a tener lo que les corresponde y luego no se adapten al mundo laboral que les espera. Y es curioso este aspecto, porque en realidad son pocos los recursos que necesitan.

No requieren de impresoras 3D, ni cortadoras láser, ni grandes maquinarias, ni complejas tecnologías. Necesitan espacio para poder relacionarse, para aprender a acompañar a una persona en sus movimientos de desplazamiento cuando tiene dificultad, para aprender a plantear propuestas interesantes en un aula de infantil, para poder planificar y desarrollar actividades de ocio y tiempo libre, etc. Pero eso está bien. Que pidan y que se acostumbren al silencio ante su demandas y reivindicaciones, que ya se sabe que calladitas estamos todas más guapas.

Silvia Amezketa, Olaya Fernández, Oihana Garmendía, Ana Larripa, Izaskun Resano y Laura Sanz, en representación del Claustro de la Escuela de Educadoras

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