Navarra bai, Nafarroa ez
Publicado el 27/02/2025 a las 08:27
El Gobierno donde reina, pero no gobierna María Chivite salvo que se lo permitan sus socios, en vísperas de la prematriculación de los niños en los centros educativos, ha lanzado una campaña publicitaria para convencer a los padres que saber euskera es una oportunidad de oro para sus hijos al garantizarles un futuro mejor. La organizadora ha sido Ana Ollo, vicepresidenta segunda y consejera de Memoria y Convivencia, Acción Exterior y Euskera, ahí queda eso, que pertenece a Geroa Bai. El consejero de Educación, Carlos Jimeno, del Partido Socialista, al parecer no se ha dado por enterado de una campaña que afecta directamente a su función educativa.
El costo de la propaganda asciende a 55.000 euros. Como hace mucho tiempo no participo en la organización de campañas electorales, ignoro si esa cantidad es mucho o poco. Pero da para mucho. La Ribera se va a llenar de carteles con el lema “Dales nuestro legado, dales euskera”, al que acampanan eslóganes como “para llegar más alto” o “más conocimiento, más sonrisas, más cultura”. La propaganda se hará en castellano, euskera, árabe, rumano y búlgaro. La superconsejera Ollo trata de convencer a los migrantes que si quieren integrarse en Navarra es imprescindible saber euskera. Es un engaño propagar que sus hijos no tendrán futuro si no aprenden una lengua que en Navarra usa habitualmente entre un seis o siete por ciento de la población. El argumento estrella es decir que no podrán ser funcionarios. Otra falacia. En la rueda de prensa del día 11 se dijo algo notable. Según el director del instituto para la colonización euskérica, resulta que entre los navarros que saben batúa está el porcentaje más alto de quienes tienen estudios superiores y que el conocimiento de lenguas extranjeras es mayor entre la población que sabe euskera que en el resto. Sinceramente, puede que estemos ante uno de los bulos a los que Pedro Sánchez ha declarado la guerra. Basta con observar cómo la mayoría del Gobierno y de los parlamentarios forales, que tienen estudios, se ponen el pinganillo cuando uno de ellos se dirige a la Cámara en batúa. Geroa Bai, la tapadera del PNV en Navarra, desde que en 2015 llegó al poder ha conseguido convertir en “tormenta” la “lluvia fina” de la que hablaban los aberzales desde que entre 1977 y 1979 perdieron la batalla por la anexión de Navarra por Euskadi. La gran mayoría de nuestro pueblo sentenció en las urnas que no quería dejar de ser navarro. El campo de acción se trasladó entonces al ámbito de la educación y la cultura. Hoy, con el consentimiento expreso o tácito del PSN, Navarra ofrece la imagen de una comunidad bilingüe. La nueva topografía impuesta llega en ocasiones a extremos grotescos. Se conceden subvenciones y ayudas para la rotulación en euskera. Las instituciones forales -y menos las estatales- no son bilingües con arreglo a la ley. Hoy el “Nafarroako Gobernua” precede al “Gobierno de Navarra”. Los impresos oficiales son farragosos de leer porque van en bilingüe, salvo los del IRPF. Para eludir la obligación constitucional de comunicar a las Cortes Generales los convenios para la gestión y prestación de servicios con la Comunidad Vasca y su autorización para formalizar acuerdos de cooperación, se inventó la triquiñuela del “Protocolo General de Colaboración entre el Gobierno de Navarra y el Gobierno Vasco”, firmado en 2016 por Uxúe Barcos y renovado en 2022 por María Chivite. El protocolo supone que ambos Gobiernos se comprometen a poner en común prácticamente todas las políticas de competencia foral y estatutaria. Lo que quiere transmitirse es que la Euskal Herria política es una nación dividida, hoy por hoy, en dos Comunidades dentro del opresor Estado español. Eso es lo que está detrás de todo lo que rodea al euskera. Somos españoles por la fuerza de las armas desde principios del siglo XVI. Quien diga eso tiene asegurada la publicación remunerada. No es verdad que el euskera sea una lengua minorizada - que no es lo mismo que minoritaria- por una persecución feroz por parte del franquismo. Y así hasta el infinito. La triste realidad es que el nacionalismo de todos los matices se ha apoderado de un idioma venerable para inocular el virus separatista. Navarra nunca fue Nafarroa. Arturo Campión y el propio fundador del separatismo vasco, Sabino Arana, escribían Nabarra con b. Y desde 1911, el periódico nacionalista vasco se denominaba “Napartarra”, porque en la zona vascoparlante a Navarra la llamaban Naparra. Así que Navarra bai, Nafarroa ez.
Jaime Ignacio del Burgo