La participación activa

Santiago Pangua Cerrillo

Publicado el 07/01/2025 a las 07:41

La participación ha sido un pilar fundamental en las sociedades humanas desde tiempos inmemoriales. En las tribus primitivas, la participación activa no solo era esencial para la subsistencia, sino también para el cuidado de niños, enfermos y ancianos. Era un acto natural de colaboración y responsabilidad compartida. Sin embargo, a medida que las sociedades evolucionaron y el Estado providente tomó un papel central, esta participación activa se ha visto profundamente deteriorada.

El Estado, en su afán de garantizar el bienestar de sus ciudadanos, ha implementado sistemas de subsidios y ayudas que, aunque bienintencionados, han fomentado una dependencia que desincentiva la participación activa y útil en la sociedad. A esto se suma la acción de algunos partidos políticos que, en busca de votos, han promovido políticas que perpetúan esta dependencia, creando una red de ciudadanos subsidiados que viven del sistema, y en muchos casos, sin aportar valor social real. Además, los llamados “listillos” también encuentran maneras de beneficiarse de estos esquemas, engrosando un sistema que parece estar más orientado a mantener el status quo que a fomentar el empoderamiento y la autonomía.

El refrán popular nos recuerda que es mejor enseñar a pescar que dar el pescado. Sin embargo, nuestra sociedad parece haber olvidado esta sabiduría mientras enfrenta una realidad donde hay un mundo lleno de necesidades y trabajos por hacer. El planeta clama por ser cuidado y protegido frente a desastres ambientales, y las personas necesitan empleos que dignifiquen su vida y les permitan participar activamente en la construcción de un mundo mejor.

La solución no pasa por incrementar los subsidios o las pensiones, sino por crear puestos de trabajo dignos y necesarios. Estos trabajos deben estar orientados al cuidado del planeta y de las personas, promoviendo una innovación social que impulse cambios estructurales. Se trata de repensar los modelos económicos y sociales para que la participación activa recupere su lugar central en nuestras vidas.

Es hora de que como sociedad dejemos de subsidiar la inacción y comencemos a invertir en la creación de oportunidades que permitan a cada individuo aportar su talento y energía. Solo así podremos garantizar un futuro donde la dignidad y el trabajo vayan de la mano, donde las personas no solo vivan, sino que también participen plenamente en la vida de su comunidad. Este es el desafío y la oportunidad de nuestro tiempo: transformar los subsidios en empleo digno y construir una sociedad más justa, inclusiva y sostenible.

Santiago Pangua Cerrillo

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