Seguridad vial, según se mire o convenga

Javier M. Elizondo Osés

Publicado el 24/09/2024 a las 07:12

Dada nuestra naturaleza de avanzar sin freno hacia los accidentes, por no pensar y actuar con lógica en muchos momentos (yo me incluyo, pues no estoy libre de haber cometido torpezas en el pasado), las autoridades han tenido que ir poniendo coto a nuestros impulsos del “yo soy más listo y buen conductor que nadie” mediante las oportunas ordenanzas que reduzcan ostensiblemente los impresionantes números que se presentan cada año, en cuanto a muertes, en nuestras carreteras y viales de poblaciones. Listas de personas muertas a las que habría que añadir otra más que triste lista de, cuando menos, daños personales irreversibles (los materiales siempre tienen remedio económico). Como he dicho, esas ordenanzas y sus consiguientes regulaciones y supervisiones a través de nuestros estamentos de control directo e indirecto (cualquier tipo de Policía y Guardia Civil), hacen que seamos más prudentes y evitemos males mayores, pues a nadie se le debe escapar que, aunque las cifras siguen siendo muy altas, se contienen en base a su relación comparativa con el muy notable incremento que se produce cada año en ocupación de esos viales (vacaciones, puentes de toda índole y fines de semana con buen tiempo), máxime si, a la vez, se desarrollan con condiciones climatológicas adversas. Por todo ello, no seré yo quien critique medidas lógicas (con su significado remarcado) ni critique a ningún agente que me adjudique lo que me haya podido llegar a merecer, si es que realmente he cometido una imprudencia o he faltado a la obediencia debida a una reglamentación establecida. Es más, no tendría ningún inconveniente en apoyar una medida que (una vez determinado que no ha sido un hecho premeditado, lo cual no quiere decir que se libre de sus responsabilidades) se pusiese “a picar piedra” a cualesquiera personas de tendencia y obra “kamikaze”. Creo que se me entiende bien.

Entrando en el ámbito de nuestras poblaciones, llevamos muchos años observando, en los viales, la proliferación de sistemas (al margen de señales), que prevengan de velocidades excesivas dentro de los núcleos urbanos (y radares oportunos que nos hagan toparnos con la realidad de tentarnos la cartera). Y se ponen por razones obvias de seguridad (ya sé que son odiados, aunque si pasas a una velocidad baja no representan problemas; también se observa que muchos de los que no son continuos transversalmente, son sorteados mediante volantazos e incremento de velocidad, cuando le viene otro vehículo de frente, por el carril invadido en la maniobra). Y hemos visto proliferar el acceso de los pasos peatonales, sus iluminaciones propias, así como las zonas libres anexas, para garantizar (a salvo de necedades y ocupaciones indebidas, incluso en doble fila) la visibilidad del paso de personas desde más distancia. Perfecto todo ello, al menos para mí. Lo que nos piden, y el sentido común nos lo debiera grabar a fuego, es que no nos despistemos de la conducción por nada. Siendo actualmente el teléfono móvil una de las fuentes más perniciosas para la generación de accidentes por distracción, y cuyo uso en conducción es uno de los más penados. Cosa lógica que me parece muy bien, pues parece que la única cosa que nos hace reaccionar es cuando nos “retratan” debidamente.

Pero, mira tú por donde, me encuentro que, al menos en mi ciudad, Pamplona, han proliferado últimamente las estructuras publicitarias en los entornos de las rotondas, en sus entradas y salidas. Estructuras publicitarias (las pueden ver) que ya no solo se ciñen a un cartel cuyo contenido te puede hacer desviar la vista en un momento peligroso de la conducción, sino que presentan imágenes dinámicas que, a salvo de eruditos en la materia que me puedan desmentir, pueden ser causantes directas de distracciones al volante. Y estas situaciones parecen totalmente permisibles para las mismas autoridades que sancionan el uso en conducción de elementos que nos puedan distraer. Está claro que estos formatos publicitarios dan un rendimiento económico a las arcas públicas que no lo dan los móviles de las personas conductoras. Cuando hablamos de Seguridad Vial, no debieran hacernos entrar en el dilema de pensar que depende de “según se mire o convenga”.

Javier M. Elizondo Osés

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