Observar la calle
Publicado el 29/08/2024 a las 07:49
La calle sorprende si aprendemos a relacionarnos con lo que vemos y oímos cuando la pisamos con atención. Hay días en los que se dice que el trabajo de los políticos debiera consistir en encontrar soluciones en pos del bien común, pero que a los políticos, con honrosas excepciones, lo único que les interesa es el poder y sus inmorales privilegios. Que no es de recibo que el Presidente del Gobierno, capaz de todo, tenga 900 asesores para construir muros que fomentan viejos enfrentamientos, para destrozar nuestra historia y nuestra libertad, para que hagan, manipulen y ejecuten leyes injustas los delincuentes de palacio y cortejo, para asaltar la justicia con el fin de librar la batalla de la verdad y de la libertad, para que España deje de ser la Gran Nación que ha sido durante siglos, seamos ahora el hazmerreír del mundo y la tengamos en venta por un miserable puñado de votos de supremacistas, filoterroristas y demás chantajista hoy instalados en el pesebre oficial.
Por eso, entre otras razones, hoy es un desprestigio ser político y vivir de la política. Éstos, narcisistas en su mayoría, son necesarios. Pero ¿Qué decir de los emprendedores autónomos? Ésos sí que son más que necesarios, imprescindibles en toda sociedad que quiera prosperar. Pues bien, no hay derecho a que los autónomos - los héroes del pequeño taller, comercio, etc.- sean condenados a la asfixia de los impuestos que los burgueses de la política de salón imponen. Pero se ponen de perfil cuando los motores de la economía tienen que hacer frente a impagos que en tantas ocasiones conducen a la ruina. Hay que recordar a la casta hasta el hastío que sin un tejido industrial fuerte, un país se empobrece. Eso se escucha, así se vive la calle. La clase política, sin embargo, sólo predica desde sus tribunas mediáticas consignas sectarias. Pero la gente corriente, en su mayoría, quiere la riqueza del diálogo sereno que construye futuro en paz también desde la disidencia, desde el pluralismo ideológico multicultural, con espíritu crítico. Y eso lo seguimos conservando en ese espacio sugerente, en ese escenario de libertad que ¡a día de hoy! es la calle.