Honradez y decencia
Publicado el 24/08/2024 a las 08:12
El fracaso en la detención de un prófugo de la Justicia por parte de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, incluyendo a los Mozos de Escuadra, debe tener consecuencias. Si además el fugado era el ciudadano Carles Puigdemont, que para mayor escarnio había anunciado su regreso a España. Además de dar un mitin público en una calle de Barcelona y no se le detuvo, por ello, alguien debe hacer frente a sus responsabilidades. Son dos cabezas visibles, Fernando Grande Marlasca y Joan Ignasi Elena, que deberían haber presentado su dimisión como lo hizo el ministro del interior del gobierno socialista que presidía Felipe González. El citado ministro, Antonio Asunción, dimitió cuando un fugado, director de la Guardia Civil, Luís Roldan, pudo escaparse “del círculo policial”. Este señor, Asunción, ya desaparecido tuvo la decencia y la honradez de asumir su responsabilidad dimitiendo. Ahora, el ministro socialista del interior, Fernando Grande Marlasca, no ha presentado la dimisión. Es decir, no tiene honradez ni decencia para seguir el gran ejemplo que dio su compañero al actuar en consecuencia frente a un fracaso. La otra cabeza visible del fracaso fue el Consejero de la Generalidad catalana, Joan Ignasi Elena. Un personaje que debería seguir el camino que trazo el señor Antonio Asunción. Dimitir. Aunque la nueva fuga de Puigdemont es otro capítulo más que añadir a la fracasada gestión de este consejero socialista dada la grave situación en Cataluña en el plano de seguridad. Donde el fenómeno okupa tiene en Cataluña una gran “universidad”.
Fernando Cuesta Garrido