Miedo ante una posible nueva glaciación
Publicado el 09/05/2024 a las 07:18
Estando comiendo y viendo las noticias por televisión, no solo casi me atraganto, sino que he tenido que salir disparado a mirarme en el espejo del baño, ante el temor de haber pasado a tener cara de tonto. La situación me ha sobrevenido al oír al “ínclito” ministro Sr. Puente venir a decir algo así como que si hubiese sabido la repercusión que iba a tener su afirmación, respecto a que el presidente actual de Argentina hubiese podido estar bajo los efectos de una “ingesta de sustancias” en un mitin que le oyó, no lo hubiera dicho.
O sea, un ministro español no solo no sabe dónde está su boca ni su sentido común, sino que, además, ofrece una infumable disculpa ante todos los españolesy españolas que le estamos pagando el sueldo (actual y futuro). No seré yo quien salga a defender al Sr. Milei (mi opinión personal dudo que le gustase… y su hiperbólica respuesta me la refrenda ), pero es el presidente electo de un país en unas elecciones legales contrastadas. Por tanto, de entrada (ya veremos su devenir real, que será la población Argentina quien la tendrá que sopesar), no se pueden hacer aseveraciones tan necias e inconsecuentes por parte de un cargo político, pues lo que se hace es agraviar, también de entrada, a los que le han elegido, e incluso a otros que, probablemente, pudieron preguntarse a qué cuento venía semejante aseveración. En definitiva, crear un conflicto institucional gratuito. Como si no tuviésemos aquí cosas a mejorar mediante los oportunos trabajos y consensos (¿qué es eso?, se dirán), invirtiendo el tiempo en ello, y no en estar todo el día “en la pelea”.
Y el problema para mí (opinión totalmente personal) no solo es que una persona pueda llegar a ministro por el artículo 33 (en este caso, no me cabe duda de que haber sido el “respondón” ante el líder de la oposición en el proceso de investidura -una falta de respeto total a tu adversario… que no enemigo… que ya nos vale por todas las partes- le valió el premio del cargo), sino que llegue sin ninguna premisa de competencia/idoneidad para el puesto. Y lo digo por todas las tendencias políticas de este país (por todas), y en el abanico de puestos de toda índole. No hay más que sopesar la “altura intelectual y humana” que se viene viendo en nuestra política, en todos sus estamentos. Así nos va y, por lo que acierto a vislumbrar, nos va a seguir yendo.
Gente de este tipo (insisto que en todo el arco político, así que no me pongan etiquetas a conveniencia) no solo no pueden llegar a ministros, sino que no debieran ostentar ningún cargo de responsabilidad. Es decir, ni siquiera cargos públicos de cualquier tipo mediante “designaciones dedunas” sin ningún bagaje de competencia estricta. De ser así, posiblemente sobrarían muchos políticos (ya sobran, a mí juicio) y los cientos de asesores que pululan como enjambres en torno a las “reinas”. ¿Siendo competentes en las materias, se necesitarían tantos? Políticos, muchos de ellos, que tienen la política como “modus vivendi”. Esos, eso sí, finalmente dan un beneficio neto al país… en el momento que desaparecen de esa actividad… aunque siempre es un beneficio que no puede soslayar, ni de lejos, el balance negativo neto ocasionado en el tiempo. Que puede seguir aumentándolo quien entre en su lugar. En definitiva, demos gracias a la Física de que todas aquellas personas políticas (y otras) que no trabajan para mejorar el país, sino para sus propios intereses (sirve para este “mundo mundial”), no puedan levitar. Los rayos del Sol no nos llegarían y sobrevendría una nueva glaciación.