El fin de la ingenuidad

Ángel Moracho Jiménez

Publicado el 08/03/2024 a las 07:32

En los últimos tiempos vividos, hemos pasado por muchas cosas como pueblo, como ciudad, y como país, también como conjunto de países. Esta visión y mezcla de experiencias, nos da como resultado un grado de conocimiento suficiente para saber que la sociedad no funciona como tal. Es un veredicto radical y constante a tenor de los múltiples factores que así lo atestiguan, basado y fundado principalmente en el egoísmo y la ambición del ser humano. En algún caso, en algún país que no tiene cordones umbilicales con el resto, son islas de entendimiento y crecimiento en las que se percibe algo añorado, felicidad. España no puede más de hipocresía, de rencor, de ignorancia, de pasotismo, de corrupción, de lobbys, de ser más papistas que el papa, incluso de dar para quedarse sin nada. Solo queda el despertar de aquellos que estando dormidos han propiciado llegar hasta aquí. Solo queda el renacer de aquellos que sin poder podrán. Solo queda el cambio de aquellos que pensando uno votaron otro. Solo queda lo que vendrá. En Europa se avecinan tiempos duros propiciados por el hambre de países de otras necesidades vitales a corto plazo y que nos obligarán en el futuro a defender nuestros recursos y espacios naturales. La historia es cíclica y los tiempos de revoluciones tecnológicas rápidas han traído siempre lixiviados en forma de guerras totales. Nos enfrentamos al momento donde la pureza y la ingenuidad no se permiten en el convencimiento de que el cambio debe de ser radical.

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