Pedro y el lobo

Javier M. Elizondo Osés

Publicado el 04/11/2023 a las 08:21

Esta fábula de Esopo es tan conocida por todo el mundo que no hace falta expresarla aquí. Su moraleja sí que viene a cuento: “no digas mentiras, porque el día que cuentes la verdad, nadie te creerá”.

En España se viene viendo a todas luces (encendidas poco a poco para terminar con un foco cegador) que se va a rematar la faena dando un salto muy cualitativo a nuestro modo de relación social, pues se está dinamitando la convivencia entre los distintos pensamientos. Vamos a llegar a lo que ya se produjo en la sociedad catalana y que perdura: ruptura social incluso en los senos familiares, a cuenta de la debacle de credibilidad política (mentiras) y el afán ególatra de poder por encima de todo, cambiando de criterios a conveniencia exclusiva de quien/es lo quiere/n ostentar. Y no consigo meterme en su modo de pensamiento, respecto al fin perseguido, si con ello conlleva esa ruptura social que viene desarrollándose de forma larvada desde hace tiempo (¡que viene el lobo!) y que lleva visos de convertirse en una triste realidad (¡el lobo comiéndose a las ovejas ante la laxitud de los que deben enfrentarlo!).

El “Pedro” que el lector tendrá en mente ahora, puede haber pasado de ser el pastor de la fábula a querer ser, como licántropo, el macho alfa de una manada de lobos, pero no se puede hablar de tal rango si no existe detrás un conjunto de apoyo ciego y servil a lo que el alfa decida. Además de la conjunción de otras múltiples manadas para poder optar a satisfacer su apetencia, como manadas licántropas que se forman para conseguir “caza” (objetivos) que, de optar a la singularidad, les sería imposible obtener. Y sobreviven a sus andanzas, exclusivamente cuando se da el factor de condescendencia, por silencio, de la regulación más importante, predominante y enorme, que no es otra que la generada por la multiplicidad de individualidades que conforman la “Sociedad Pastoril”. Y los lobos humanos (individuales y en manadas, así como con machos alfas y resto) se conforman también en la otra vertiente de nuestro monte hispano. Y su modus operandi puede ser muy similar en cuanto a concepto de plantear una estrategia para la caza (del voto) para trastocarla a renglón siguiente. Sólo hay que acudir a la “hemeroteca lobuna”.

En resumen, estamos rodeados de “lobos humanos de cátedra” con infinidad de otros, de rango inferior, adscritos a la conveniencia de poder adquirir la caza (votos) que les dé de comer (sueldos). Auténticos malabaristas de las estrategias de acoso y derribo, donde el actual macho alfa se va a coronar cambiando todas las fases planteadas antes de haber acometido la posibilidad (elecciones) de echar del área de caza a las manadas contrincantes, manteniéndolas fuera de su coto, con la permisividad de quienes (votantes) deben controlar los desmanes de unos y otros. Nadie quiere lobos, cuando se forma parte de los pastores. Aquí las “ovejas a cuidar” son los derechos y responsabilidades que nosotros, los pastores en su conjunto, debemos cuidar por nuestro bien, ya que son nuestro sustento.

Por ello, creo firmemente que, una vez se le han visto las orejas a todo el conjunto lobezno (de todo pelaje) la “Sociedad Pastoril” debe poder optar al derecho a volver a controlarlos (nuevas elecciones), para ver donde radica el problema realmente. Igual no podemos quejarnos.

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