Las rupturas conyugales en Navarra

Gerardo Castillo Ceballos

Publicado el 04/09/2023 a las 07:24

En 2022 se disolvieron 1.059 matrimonios en Navarra. El 66% llevaban más de 10 años. El 96% de los procedimientos fueron divorcios y el 4%, separaciones. Siete de cada diez procesos se realizaron de mutuo acuerdo. La franja de 40 a 49 años es en la que más rupturas se dieron. La tasa de disoluciones fue de 1,5 por cada mil habitantes. (Datos del INE). Dada la gran trascendencia que tienen para la familia (sobre todo para los hijos) y para la sociedad los fracasos conyugales, son muy necesarios los cursos para novios que piensan casarse.

Las rupturas conyugales son multicausales. Cada caso es cada caso. No hay dos historias iguales. No obstante, todo parece indicar que la más común es una que está relacionada con el modo de vida actual: la excesiva dedicación al trabajo profesional, tanto del hombre como de la mujer, roba mucho tiempo al diálogo entre los esposos. Además, en el poco tiempo de encuentro al final del día, el cansancio no invita a hablar.

No basta que las relaciones conyugales sean coexistenciales, ya que a ese nivel no hay intercambio personal. De acuerdo con el profesor Martín López, deben ser comunitarias: llegan al ámbito de la intimidad, se basan en la tendencia a ser para otro, a estar a su servicio, a sentirse obligado por la vida ajena. La donación al otro es total. Algunos dirán que esto no es muy realista. Olvidan que el “verdadero amor todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (Corintios, 13).

Willy Pasini, profesor de Psicología y Piquiatria de la Universidad de Ginebra afirma lo siguiente: “Actualmente, muchas personas tienen múltiples aspiraciones, lo que les lleva a consagrar todo su tiempo para sí mismos, por lo que comunicarse con su cónyuge es algo que escasea. Deben saber que la razón número uno en el divorcio hoy es la incomunicabilidad”.

El que tenga un amor que lo cuide, dice la canción. A veces, quienes no lo cuidan culpan de su error al empedrado. Por ejemplo, “se me rompió el amor”. Personas casadas, que en la época del noviazgo querían saber mucho del otro y tenían conversaciones diarias, al parecer ya “lo saben todo”. Su error es creer que el matrimonio funciona con piloto automático. El amor hay que cultivarlo cada día con renuncias y delicadezas, como de novios. Pedro Salinas lo expresa así: “No hay un amor ni un cuento que no tenga buen fin. Y si parece que acaban mal, es porque no sabemos contar, amar hasta el final dichoso”.

Gerardo Castillo Ceballos

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