Las jotas de San Fermín, un alivio para el alma

Emilio Garrido Landívar

Publicado el 16/07/2023 a las 08:39

Sanfermines son muchas emociones, muchos sentimientos que duran más que las emociones. Qué quieren que les diga, no importa pasar por petulante, romántico o cualquier adjetivo que me quieran colgar. Pero la jota es una oración cantada tan llena de colores, sabores, estremecimientos, ternuras y pellizcos al hipotálamo, que no me extraña, que se nos salten las lágrimas invisibles y las visibles, que se nos ponga la piel de pollo y palpite nuestro corazón a borbotones. Eso se llama vivir, dejarte llevar, que fluyan las emociones, que des rienda suelta a tus más profundas sensaciones, que por muy reptilianas que parezcan, son en definitiva un remanso de paz en una sociedad donde la mayoría del tiempo permanecemos encapsulados en un torbellino de estrés para terminar el mes de alguna manera, para pagar una hipoteca que se ha duplicado, sin duplicarse el sueldo.

La jota, la oración cantada a San Fermín allí donde sea, es un antídoto frente al estrés. Los Sanfermines fueron y siguen siendo nuestras vacaciones, nuestra playa, nuestro descanso veraniego, nuestra reflexión alegre y vibrante, nuestro arco iris internacional, que pasa por ese icono: “Pamplona, Navarra, la tierra te canta. San Fermín, en tu pañuelo se anuda gente del mundo entero”.

No soy exagerado, solo escribo lo que sigue siendo neurociencia: la jota, la oración cantada, que fluye desde dentro en un sentimiento voluntario y a veces inconsciente pero que es intencionado en la medida que transcurre el canto y lo afectivo, sobre todo en Sanfermines, acaba siendo un estimulante serontoninérgico, un premio, un bálsamo, un filtro, un colchón psicológico que nos deja vacío de toxicidades acumuladas durante todo el año. Por eso es un calmante, una vitamina psicológica para contrarrestar el estrés de todo un año de avatares. Eso es la jota, una oración cantada, vibrante, festiva, un emplaste, un remedio a muchos males. Por eso la jota nos cura, sale desde dentro y fluye hacia afuera contagiando -como neuronas espejo-, a quienes de lejos la escuchan y de cerca la admiran y se encoge nuestra alma llena como lenitivo, atenuante, alivio y consuelo. Sigamos disfrutando de este antiestrés que son nuestros Sanfermines y la jota su refrigerio.

Emilio Garrido Landívar

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