Ordeñamos una vaca moribunda
Publicado el 15/04/2023 a las 08:54
Ante el progreso del bienestar egoísta cuya única pretensión es estar cada día mejor independientemente de las consecuencias que el consumo compulsivo tiene sobre las personas vulnerables, las generaciones futuras, el planeta y su biodiversidad, cabe preguntarse por las consecuencias previsibles, ante la falta de recursos energéticos y materiales, para seguir adelante con la mal llamada calidad de vida.
La vaca moribunda no puede dar más y comenzamos a ver las consecuencias de la menor disponibilidad de los recursos energéticos y minerales, y su mayor coste de producción, que provoca la tendencia al alza de los precios y, sobre todo, una gran volatilidad de estos, al tiempo que va excluyendo cada vez a más población del acceso a los recursos básicos. Al igual que en la pandemia esperaremos hasta final, cuando las consecuencias se sabían al principio. Me temo que, con la crisis de la energía y de los materiales, haremos lo mismo, pero la solución no será tan sencilla como confinar a la población y buscar una vacuna. Resulta difícil imaginar la forma en la que seremos capaces de descolgarnos de las comodidades y de los consumos superfluos a los que nos hemos acostumbrado.
La transición energética es una de las soluciones, pero no es la solución al grave problemas que hemos creado, ya que deberíamos concretar un plan de ahorro energético sin precedentes, acompañado de nuevos hábitos, que permitiesen destinar la energía residual a fines concretos como la salud y la seguridad alimentaria, hasta encontrar otras fuentes de energía. Mucho hablamos de resiliencia, pero no queremos ver nuestra vulnerabilidad ante una crisis energética sumada a las consecuencias del cambio climático, con desastres que acontecen por el mundo con pérdidas humanas y graves daños.