Semana Santa, ayer y hoy

Carmen Olorón Goñi

Publicado el 06/04/2023 a las 08:21

La primavera que la sangre altera suele incluir la Semana Santa, que hoy como ayer, conlleva muchos significados, pero hemos de reconocer que éstos han ido variando con el paso de los años. Todos recordaremos aquellos tiempos donde el personal no se iba de vacaciones y quizás toda nuestra fiesta implicaba asistir, palma en mano y zapatos nuevos, al atrio de la catedral, donde hacíamos la foto de rigor. A partir de ahí, todo morado. Semana de silencio y recogimiento para visitar el jueves los “monumentos” que se instalaban en las iglesias, donde se notaba según la zona, el poder adquisitivo de los fieles por el tamaño de las velas que ellos costeaban. El viernes -en casa de la abuela no se podía cantar- las “manolas” en las inmediaciones de la catedral y las siete palabras donde los brillantes oradores te ponían la piel de gallina. Y por la tarde, si el tiempo no lo impedía, fiesta mayor en la procesión; “hermano, hermano..” y alargabas la mano en donde te depositaban algún caramelo. ¡Qué emoción recibirlos sin saber quién era el generoso donante! ¿Devoción? Pues no sé, quizás cuando pasaba el Cristo alzado algo te recorría por dentro. Todo esto pertenece al lejano tiempo de la infancia pero sigue vivo en nuestro recuerdo. ¿Y hoy? ¿Qué pasa hoy? ¿Cualquier tiempo pasado fue mejor? No, creo que no. Sólo que éramos más jóvenes y todo nos parecía mejor por nuestra energía, idealismo y ganas de cambiar el mundo. Hoy, asisto a la misa dominical el sábado y compruebo con tristeza que la media de edad de cuantos allí nos reunimos rondará los setenta años. ¿Quo vadis iglesia? Y me pregunto, ¿hemos sabido transmitir la fe a las generaciones que vienen detrás? Decía Pascal que la fe es “sentir a Dios en el corazón” y ante la desbandada generacional de vacaciones en Semana Santa, me temo que la fe escasea. Otros jóvenes y no tan jóvenes celebran la Pascua y hay que reconocerlo, pero son minorías, quizás aquel “resto” de Israel que dijera Isaías. Aún así, no podemos olvidar que K. Rahner, aseguró que el cristianismo del siglo XXI sería místico o no sería cristiano. Quizás como respuesta a ello, brotan como setas en el campo, los grupos de espiritualidad, porque en nuestro interior algo nos reclama el contacto con lo trascendente, y no sé hasta qué punto la juventud la encuentra en ritos tediosos y repetitivos. Indudablemente les resulta más estimulante una escapada, unas minivacaciones, un cargar las baterías. Celebrar la pasión, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret, a la mayoría les deja fríos. Como a una servidora le congela el alma ver que siguen sin solucionarse añejos problemas que arrastra la Institución: uno de ellos, la discriminación de la mujer en la iglesia católica, con los pobres argumentos de orden sociocultural que hoy se emplean para justificar la negativa al sacerdocio femenino. Ya hace sesenta años el Cardenal Suenens en la tercera sesión del Concilio Vaticano II afirmó que “la mitad del pueblo de Dios son mujeres y están ausentes aquí” -y seguimos igual-. También en ese mismo Concilio (Gaudium et Spes 29) se recogió que “cualquier forma de discriminación, en lo que respecta a los derechos de la persona, apoyada en el sexo, debe ser suprimida y eliminada como contraria al designio de Dios” (¿es la igualdad un derecho de la persona?).O si miramos hacia Gálatas 3. “Ya no importa ser judío o griego, esclavo o libre, hombre o mujer, porque todos sois uno en Cristo Jesús”. Y a más, a más, siempre estará el “sensus fidei” donde la voz de los fieles debe ser escuchada, porque la paridad, también en la iglesia, es un imperativo en el siglo XXI, sí o sí.

¿Entonces?Entonces los siete seminaristas de nuestro Seminario podrían ser setenta veces siete si se permitiera a las féminas compartir sacerdocio y quizás se solucionasen además otros problemas, como por ejemplo el de la muy avanzada media de edad del clero navarro. Otro tema, no menos baladí, sería el celibato optativo, que quizás de alguna manera podría evitar el tema de la pederastia. Pero tristemente el inmovilismo es el que es (por no hacer nada, nunca pasa nada).Y así seguiremos celebrando, mayoritariamente, la Semana Santa de los Seniors...hasta que Dios quiera.

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