Emilio Ontiveros: una referencia económica
Publicado el 09/08/2022 a las 08:56
El fallecimiento de Emilio Ontiveros el pasado uno de agosto ha dejado consternados a todos los que seguimos el apasionante mundo de la economía y lo teníamos como uno de nuestros intelectuales de referencia. En estos casos, es habitual escribir un currículum con los estudios que realizó, los lugares donde impartió la docencia, los trabajos que ha realizado y la aportación que ha realizado a su área de conocimiento.
Bastará hacer un pequeño resumen: nacido en Ciudad Real en el año 1948, era Catedrático Emérito de la Universidad Autónoma de Madrid. Si bien en Navarra fue conocido como analista de Caja Navarra, a nivel nacional tenía una gran relevancia. Fue integrante del grupo de expertos realizado por Nadia Calviño, vicepresidenta primera del Gobierno, para afrontar las consecuencias económicas de la pandemia. Era colaborador habitual del periódico El País y de la Cadena Ser. Aunque estuvo de profesor en la Universidad de Zaragoza y en el ICADE (instituto católico de administración y dirección de empresas), destacó como profesor visitante en la Universidad de Harvard. Estuvo en el Consejo Social de la Universidad de Castilla la Mancha y fue consejero de empresas como Mutua Madrileña, Iberdrola España o Torreal. Ha escrito múltiples artículos de prensa y libros como Mercados de futuros e instrumentos financieros, El rescate, Excesos: amenazas a la prosperidad global o la Guía del Sistema Financiero Español. Si bien su visión económica era keynesiana, es decir, de tendencia socialdemócrata, siempre estuvo abierto a modular las reformas que, en su opinión, eran más pertinentes para una economía concreta.
Hasta ahí, el currículum estándar de un profesor brillante. Sin embargo, merece ser destacado por dos aspectos todavía más capitales: aquellos que crean la diferencia. En primer lugar, fue director general del Área de Análisis e Inversión del Grupo Ahorro Corporación y consejero delegado de Gesinca Gestión de Carteras y de Gesinca pensiones. No se trata de profundizar en el nombre de las empresas. Se trata de valorar el hecho de que, como dice el argot popular, saltó al ruedo. Es muy fácil ser político: al fin y al cabo, los errores no se pagan. ¿Se puede endeudar un país hasta límites insospechados si eso me da más probabilidad de ganar las elecciones? Se hace. En el ámbito privado, sin embargo, un fallo clave supone perder dinero, reputación y en muchas ocasiones, ser despedido. Es una pena y es un problema social: si alguien ha sido ministro lo tiene de maravilla: además de los derechos de cobro futuros que ganan, siempre tiene ese cartel. Es decir, no importa su desempeño: lo que vale es el puesto que ha ocupado. En fin, así nos va. Y todavía hay más: muchos tertulianos y “expertos” critican con facilidad las medidas que realizan las empresas y los gobiernos. Una vez más, si se confunden no pasa nada: total, siempre se puede echar la culpa a un pequeño imprevisto y pelillos a la mar. No fue el caso de Ontiveros: su experiencia en la empresa privada le permitió una visión más profunda de la realidad. Debido a ello, sus ideas y recomendaciones siempre tienen un fondo práctico (¡¡no teórico!!) más útil para todos.
El segundo aspecto fundamental es la fundación de la consultora privada AFI: Analistas Financieros Internacionales. En la actualidad más de 200 personas trabajan en esta institución, en colaboración con centros de tanto interés como el laboratorio de pensamiento europeísta EuropeG. Lo relevante con ello es que deja un poso, algo que le va a sobrevivir durante muchos años. Además, estaba convencido de que toda la población debía tener unos conocimientos mínimos de economía y finanzas. Comprendía que una ciudadanía con formación y espíritu crítico siempre iba a exigir más y mejor a sus gobiernos y que eso era prioritario para alcanzar una senda de crecimiento más sostenido, equilibrado y justo. Existe una manera fascinante de conocer a las personas: que nos digan cuáles son los aforismos que más influyen en su vida. En el caso de Emilio, eran: “la desigualdad no es rentable” y “el Estado de bienestar es una condición necesaria para la cohesión social y sin cohesión no hay crecimiento sostenible en el tiempo”. Nada como estos aforismos para explicar una persona, la economía y la vida. Detectamos un problema fundamental: la desigualdad. Buscamos una solución: un mejor Estado de bienestar, unas políticas concretas, una población formada y crítica.
Hemos tomado nota.
Descanse en paz.
Javier Otazu Ojer Economía de la Conducta. UNED de Tudela