La salud de familias de pacientes con trastornos mentales

María José Iracheta

Publicado el 25/07/2022 a las 07:55

Miércoles, 14 de julio. Acudimos al servicio de urgencias del Hospital Universitario de Navarra con informe elaborado por la profesional médico de familia junto con el apoyo del psiquiatra habitual de la paciente, ambas personas conocedoras de su historial clínico, en el que se evidencia la necesidad de ingreso.

Tras una larga y desafortunada espera, dado el estado alterado de la enferma, en la sala común correspondiente, nos dan paso a una de las consultas donde una profesional psiquiatra nos atiende. Nos atiende de cuerpo presente, ya que reflejó claramente en su informe la gran falta de escucha mostrada durante el tiempo que permanecimos en dicha consulta. En el mismo pueden leerse una serie de datos totalmente desactualizados, fruto de haber hecho un “copia y pega” en toda regla en referencia a un historial antiguo que leyó a vistazo y del que se le había actualizado de manera oral in situ. Asimismo, se relata en este mismo documento una exploración psicopatológica con grandes tecnicismos del ámbito de la medicina, pero bien alejado de la realidad que, la familia, hemos estado viviendo.

Del mismo modo se redactan otro tipo de informaciones cuanto menos curiosas sobre dicha supuesta “exploración”, algunas como: a) estado consciente y orientada en las tres esferas, cuando lo único acertado por la paciente fue el mes actual, pues ha vivido alejada de la fecha real, incapaz de reconocer el día siguiente consecutivo y coexistiendo en dos momentos temporales de forma simultánea; b) abordable y colaboradora cuando se mostraba desafiante; c) aspecto cuidado, cuando es lógico y natural que así acudamos a este tipo de lugares; d) discurso coherente, cuando era totalmente confuso, entre otras.

El resultado final de la consulta se resuelve ajustando la dosis de cierta medicación, que la enferma ya estaba tomando diariamente, esperando -por parte de esta profesional- que dicho ajuste se regule en su ámbito familiar, desoyendo las aportaciones de la hermana sobre el estado incontrolable de la paciente en el domicilio familiar durante los últimos días así como su historia clínica, infravalorando y haciendo caso omiso del documento elaborado por la médico de familia y psiquiatra habitual y evitando formalizar el tan evidente y necesario ingreso de dicha enferma.

Finalmente se vuelve a acudir al día siguiente al servicio de urgencias del Hospital Universitario de Navarra, momento en el que es ingresada. La paciente fallece el lunes, 18 de julio.

Como familia de la paciente de salud mental, conocemos el proceso y dominamos la exigencia del factor temporal en el transcurso de estabilización de la medicación en este tipo de enfermedades; pero no somos profesionales especialistas en el ámbito para controlar ni abordar esta situación que se escapa de nuestro alcance. Como familiares, exigimos que se considere nuestro punto de vista, nuestra realidad, nuestro contexto, nuestras vivencias ante estas circunstancias; así como el de profesionales que tratan asiduamente a las personas pacientes de enfermedades relativas a la salud mental.

Humanicemos la salud mental de los enfermos, proporcionándoles espacios y ambientes contextualizados y acordes a su realidad, para que tengan la oportunidad de estabilizarse de forma digna y cuidada con profesionales especializados capaces de monitorizar la situación; pero humanicemos también la salud mental de las familias, ofreciendo un bienestar digno y respetuoso.

María José Iracheta

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