Reacción ante la novedad

Eleni Arenaz Erburu

Publicado el 24/07/2022 a las 08:11

En ocasiones nos volvemos reacios ante la novedad, como si esta fuera necesariamente una especie de dragón que nos fagocitara, un huracán que nos removiera nuestra tranquila vida, el reaccionario de turno atacando las rutinas diarias, un sistema complejo de psicología que nos despersonalizara… Pensamos que lo que hacemos todos los días, está bien así y no es susceptible de mejora incluso en nuestro beneficio, pero quizá esta aportación novedosa que nos invitan a realizar sea a la larga un beneficio para la sociedad y no acabamos de convencernos con nuestros ojos individualistas.

Hace poco la Mancomunidad nos ha revolucionado con el nuevo sistema de tarjetas para los restos orgánicos y los restos en general. Quizá a cierto discapacitado en silla de ruedas, al que le falte una mano o un brazo, le falte una pierna, al que tenga un miembro escayolado, al que tiene temblores…le sea más dificultoso: activar la tarjeta, darle al botón, al pedal y subir la bolsa y echarla, para estas personas habría que pensar algo en estos tiempos de igualdad.

A ciertas edades, aunque estamos acostumbrados a lo manual, en general, la aportación a la Mancomunidad tal como ellos han advertido parece ser de singular positividad si así hacemos la distribución de las basuras. Lo único es que nos vamos llenando poco a poco de tarjetas (aunque se tenga la aplicación del móvil), deseo que pronto sean sustituidas por el reconocimiento de la huella digital, del iris de los ojos o de la cara.

Pasan las semanas y aún se ven, al lado de los contenedores, muebles que son para los Traperos de Emaús, bolsas de comida y otros restos. Fruto de estas dificultades espero que momentáneas, pido a la Mancomunidad paciencia, pues a las pocas semanas de implantar el sistema, nos envió un folleto invitando a hacerlo mejor.

Esté yo conforme o no con esta novedad, el otro día me percaté de algo muy bien pensado. Trajo mi hermana una tarjeta de los contenedores encontrada en la calle. Mirándola bien en casa, nos percatamos que ponía la dirección completa: calle, piso y puerta del dueño. Se la llevé el mismo día por la tarde, era una chica que aún no se había dado cuenta de su pérdida. Le hice ver que llevaba su dirección y que por ello la tarjeta no quedaba abandonada al primero que la encontrara, sino que reclamaba ser llevada a su poseedor. Me parece un detalle bien pensado y que por ello quiero resaltar en estos momentos de confusión o claridad, de dificultad o facilidad para tirar nuestras basuras en condiciones distintas a las que veníamos haciéndolo últimamente. La irrupción del mundo digital en gente tan variada tiene un proceso que hay que respetar.

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