Otro ángel de la guarda
Publicado el 22/06/2022 a las 07:43
Tengo mucha suerte. Y unos ángeles de la guarda que aparecen cuando más los necesito. El último tiene nombre y apellido. Solo quien pierde una cartera en la que lleva todo, y digo todo lo que se puede llevar en una cartera, incluso lo que siempre te dicen que no lleves, puede saber la alegría que produce si la recuperas. A mí me ha pasado. Cuando fui a pagar el aparcamiento de hospitales me di cuenta de que no la tenía. Después de un rato de apuro, agobio y sudores, cuando estaba pensando en llamar al banco para anular la tarjeta y repasando mentalmente los carnés que tendría que renovar, me llamaron diciendo que una persona la había encontrado y me facilitaban su nombre y su móvil. Le llamé y fui a su encuentro. Era Íñigo Echeveste, navarro residente en París, que me fue a buscar a un lugar del hospital donde quedamos y me llevó a la habitación donde había dejado la cartera y donde estaba ingresada su encantadora madre, Josefa Otegui. Íñigo le dijo a su madre: “Mamá, te voy a contar una cosa bonita…”. Y le explicó cómo había encontrado la cartera, había visto la libreta del banco y había llamado a la entidad que, muy diligentemente, después de comprobar los nombres que le había facilitado Íñigo, fue la que se puso en contacto conmigo. Gracias a Caja Rural de Navarra por la agilidad y eficacia. Íñigo Echeveste, que ha venido unos días a Pamplona a cuidar a su madre, había dejado la habitación un momento para ir al aparcamiento a buscar un abanico del coche. Y en el camino es donde encontró mi cartera. Josefa se alegró con la historia y me dijo con la autoridad que da la sabiduría: “Es lo que hay que hacer, devolver lo que no es de uno”. Le dije a Josefa que su hijo había sido para mí en ese momento un ángel, un ángel que me había devuelto la cartera. Antes de irme, Josefa Otegi me pidió que le diera un muxu. ¡Y mil le habría dado! ¡Ojalá salga pronto del hospital! Gracias, Josefa. Gracias, Íñigo.
Marialuz Vicondoa Álvarez