Una pequeña historia
Publicado el 05/06/2022 a las 08:43
Sí, la mía. Con eso de llevar más tiempo recorrido hacia atrás que el que pueda esperar hacia delante, me encuentro a veces pensando, recordando y comparando. Uno de los temas que me han llamado y me llaman la atención ha sido la evolución táctica del nacionalismo vasco, casi todos los días en los medios por una razón u otra.
Crecí en Pamplona y aquí sigo viviendo, seguramente hasta que termine el viaje. Los juegos en la calle, los cánticos en latín en la iglesia y en el colegio, los cachetes correctivos… formaban parte de las experiencias infantiles habituales en muchas familias. Y también la participación entusiasta en manifestaciones culturales de aquella época, que tanto iban de cantos y bailes vascos como de jotas navarras y otras. Recapacitando sobre esto último, hay que decir que no teníamos conciencia entonces de que estábamos adquiriendo una identidad defectuosa, incompleta, falta de atributos esenciales.
Algunos, más resabiados, sí que estaban al cabo de la calle de tamaña insuficiencia y de los cambios indispensables que había que poner en marcha en cuanto las condiciones fueran favorables. La oportunidad la propició la misma democracia, tan deseada y bienvenida por todos los que anhelábamos vivir en libertad. Bajo su amparo, pasito a pasito, se fueron introduciendo en la sociedad ideologías que, con el pretexto de reivindicar la vuelta a ciertos orígenes, iban a socavar de nuevo esa libertad tan cara de conseguir. La identidad de grupo pasó a colocarse muy por encima de ese autorretrato fiel, y quizás ingrato, que devuelve un “conócete a ti mismo” hecho sin trampas. Su implantación dio pie a desmanes muy graves, que aún hoy siguen siendo exculpados.
A estas alturas siento que me han expropiado elementos culturales que antes tenían cabida gozosa en cualquier sitio y que ahora parecen vinculados en exclusiva al acervo nacionalista y su deriva separatista. Por otro lado, se sigue intentando a toda costa imbuir el aprendizaje y práctica del vascuence como estandarte de una diferencia grupal idealizada. Se me escapan absolutamente las bondades de una trayectoria semejante.
El pasado fue. Nuestra responsabilidad individual y colectiva recae en el presente. Me parece importante plantar cara a tendencias que se tienen por trascendentales e incontestables. Seguramente esto sirve de muy poco, pero escurrir el bulto no es mejor opción.
Ana García López