Entre la actuación caciquil y el amiguismo

Ignacio Martínez Alfaro

Publicado el 31/05/2022 a las 07:02

“El hombre es un animal de costumbres” dijo el escritor Charles Dickens y tenía toda la razón. Otros muchos escritores y filósofos han dicho algo similar… Desde hace casi veinte años llevo conviviendo, junto con mis vecinos, con un grupo de contenedores en distintos emplazamientos de mi calle. Los primeros estuvieron en mi propia puerta unos cuantos años, cuando llegué en 2004. Cuando fueron creciendo en número, los desplazaron en nuestra misma acera colindando con un solar próximo y, en 2011, cuando empezaron a construir viviendas en ese solar los trasladaron a la acera de enfrente de nuestras casas, lindando con un solar municipal que aún hoy sigue sin edificación alguna.

Hace once años, en 2011, uno de mis vecinos sintió que su pituitaria y su percepción estética se veía amenazada por el nuevo emplazamiento de los contenedores y protestó por su ubicación. Como la protesta era un sinsentido, y el resto de los vecinos estábamos de acuerdo con la ubicación, ahí han permanecido esos once años hasta el pasado 23 de marzo. Ese día, la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona, decidió removerlos y colocarlos en la misma acera, pero sesenta metros más abajo. Preguntamos los vecinos en la MCP y nos confirmaron telefónicamente que la causa de la remoción era que un vecino se había quejado de la ubicación, y que curiosamente dicha queja provenía del nuevo vecino que había comprado la vivienda al anterior propietario de la pituitaria sensible y el sentido estético exacerbado. Se ve que esa vivienda imprime carácter en sus propietarios, algo que resulta paradójico ya que ni siquiera viven ahí. Se supone que cuando alguien adquiere una vivienda la compra con el mobiliario urbano de su entorno existente. Insistimos, esos contenedores llevan en ese emplazamiento once años, estaban en una vía pública (la acera de enfrente de nuestras viviendas, separada por la calzada de nuestras puertas) y colindaban con un solar municipal.

El resto de los vecinos también protestamos por esa forma de proceder egoísta e insolidaria del nuevo vecino, pero la MCP, admitió su queja y retiró los contenedores. El resultado es que nuestro confort ha disminuido y nos vemos obligados a realizar recorridos mayores, con cada vez más bolsas y agravado por la maldita tarjetita “txivata”.

Veintiocho vecinos registramos un escrito en la MCP el 11 de abril, aduciendo que esos contenedores llevan en ese emplazamiento (reitero, que no están en la puerta ni acera de ningún vecino) desde hace once años y solicitábamos su reposición. El 4 de mayo nos contesta la MCP por escrito, señalando que la causa de la retirada es que: “desde nuestro Departamento de Residuos indican que dicho punto se anuló atendiendo a criterios técnicos de optimización del servicio y mejora de las rutas de recogida” y que no tienen intención alguna de reponerlos. Resulta paradójico que tras once años descubran la mar océana, ¡albricias! Es obvio que la respuesta de la MCP no se compadece con la causa real que se nos había indicado telefónicamente. Recibida esta aberrante, prepotente y falsa respuesta (contestar con semejante martingala, cuando la razón esgrimida por MCP ha sido sistemáticamente que la causa era la queja de un vecino) nos lleva a formularnos unas preguntas: ¿Qué situación de amiguismo, compadreo o de trato de favor se da entre la MCP y el vecino de la queja? ¿será pariente o amiguete de algún preboste de la MCP el autor de la queja? Si la forma de actuar de la MCP ha sido ahora radicalmente distinta de como lo fue con idéntico supuesto en 2011, ¿a qué se debe esta actuación caciquil por parte de la MCP y este clamoroso cambio de criterio?

Hemos registrado un nuevo escrito el 9 de mayo, en el que pedimos la reposición inmediata de los contenedores, o alternativamente resolución motivada, que nos permita acudir a la vía contencioso-administrativa para tratar de defendernos de esta actuación arbitraria, sospechosa y caciquil de la MCP. Rememorando a Hamlet, realmente cabe pensar qué “algo huele a podrido en la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona” o por lo menos en su Departamento de Residuos.

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