Coger las pantallas por los cuernos
Publicado el 22/05/2022 a las 07:58
Es innegable que los ordenadores y los móviles son un grandísimo avance que nos facilitan la vida, pero como ha ocurrido con otros inventos, si no los controlamos nos pueden perjudicar. A los coches les hemos puesto normas de circulación y mecanismos para mejorar la seguridad o la contaminación y con las pantallas tenemos que hacerlo si queremos evitar que dañen, especialmente a los colectivos más vulnerables como son la 3ª edad o la infancia y adolescencia. Necesitamos iniciativas valientes y creativas para coger las pantallas por los cuernos antes de que nos embistan, como el jubilado que se plantó ante los bancos por su abuso de las gestiones on line (y lo mismo habría que hacer con la Administración). En cuanto a los jóvenes, estamos todos de acuerdo en que tienen problemas con las pantallas (por los contenidos a los que acceden, el tiempo que dedican, la dependencia y los problemas de concentración que les suponen) y, como son inmaduros, somos los adultos quienes tenemos que protegerlos. Un padre, que además es juez, ha puesto límites al uso del móvil a su hija publicando el contrato para que otros lo puedan usar y así empoderarse frente a la tiranía de la presión social. Pero los hijos no solo usan las pantallas en su ocio sino que, paradójicamente, en muchas aulas, desde donde piden a los padres controlar a sus hijos su uso, hay ahora mismo un uso excesivo y desorganizado (¡y desde Primaria!): sabemos que son una gran herramienta de aprendizaje, superamos el confinamiento escolar gracias a ellas y los profesores las usan y recomiendan con su mejor intención por lo que no se trata de eliminarlos sino de ajustar su uso para evitar daños. Tienen los ordenadores abiertos en clase con la posibilidad de evadirse (la picaresca salta cualquier control) en el momento más aburrido del día y no cogen apuntes porque “van a colgar la presentación”, aumentando la inatención. Hay demasiadas actividades que requieren encender el ordenador (muchas veces desde el móvil) lo que les distrae muchísimo porque tienen el “armario de Narnia para viajar”: desde tareas, estudiar del material colgado (no está en papel) o mirar en el classroom la tarea. Aquí se añade el problema de que muchos profesores pueden “colgar” tareas en cualquier momento del día con lo que hay que “entrar” muchas veces por si acaso. El classroom es muy útil para despistes pero es mejor que las tareas se pongan en clase para evitar tanta conexión. Me suena que se prohibió mandar correos a los empleados fuera del horario laboral, ¿y a los alumnos no? Eso les ayudaría a organizar su horario de tareas y no alargarlo hasta la noche lo que reduce su aprovechamiento. También pediría a los profesores que controlen el material que “cuelgan” porque en ocasiones tienen tanto que el desorden se apodera del, irónicamente, “ordenador” y se pierden a la hora de usarlo. Otro problema es que nos hemos lanzado a la digitalización pero, ¿nos hemos preocupado antes de que sean competentes en ella? Muchos de los estudiantes no saben hacer búsquedas adecuadas de información, convertir archivos, utilizar distintos formatos…lo que les hace perder muchísimo tiempo para entregar trabajos a través de classroom. Sin olvidarnos de los exámenes online, en los que les cuesta mucho más concentrarse al no darles la misma importancia que a los exámenes en papel, lo que les hace perder puntos por el camino…¿Les hemos enseñado a hacer exámenes online? Y, por último, está el método de estudio que utilizan muchas veces: me preocupa verles “estudiar” e incluso hacer comentarios de texto y ejercicios prácticos delante de la pantalla . (...) La solución no es fácil, hay muchos actores con distintos puntos de vista (alumnos, profes, padres…) pero el tema es lo suficientemente importante para que nos lo planteemos. La principal defensa de su uso es que deben acostumbrarse porque en el futuro va a ser su herramienta de trabajo, pero ahora mismo son inmaduros y su aprendizaje lo está pagando. Volviendo al ejemplo del coche, no se les deja conducir hasta los 18 y luego aprenden sin problemas. No se trata de eliminarlos pero no podemos ignorar lo que está pasando y necesitamos una solución global que racionalice su uso para toda la comunidad educativa. No sé si es labor de los directores, las autoridades, los claustros o el Consejo Escolar. ¿Sugerencias?