Eliminemos el ecologismo de despacho y sofá
Publicado el 09/05/2022 a las 07:17
Voy a empezar diciendo, para evitar suspicacias, que es una carta general dirigida a todas las empresas de servicios, entidades municipales que se encargan de gestionar directamente las redes de saneamiento, y entidades de Gobierno. Así como a las personas individuales que, por supuesto, tenemos una alta responsabilidad. Dentro de mi trayectoria técnica, y de ciudadano de a pie, he venido observando la gran proliferación de residuos sólidos no biodegradables que invaden nuestros cauces, como resultado de su tránsito por los colectores de pluviales que descargan las escorrentías de lluvias de nuestros viales, y por los aliviaderos de los colectores unitarios (pluviales y fecales conjuntas), en su desbordamiento directo, a los cauces, para evitar las puestas en carga que hagan “florecer” los vertidos en nuestras calles. Estamos en una sociedad que ha avanzado extraordinariamente en la concienciación del daño medioambiental, pero no en la responsabilidad individual de esa generación de residuos sólidos no biodegradables, que, a través de nuestras propias acometidas de saneamiento y de los elementos de recogida de las escorrentías de pluviales, se aportan sin conciencia cívica general. Se constata, en los últimos años, una proliferación informativa respecto a no usar el inodoro como papelera. Uso que, desgraciadamente, se sigue haciendo y que, también desgraciadamente, no terminará mientras no se establezcan mecanismos de supervisión y control -muy sencillos, que ya he indicado en mis documentaciones técnicas y cartas, por lo que no me voy a repetir,- aparejados a la única medida que nos hace cambiar de hábitos: cobrar los costes de los mantenimientos generados por acciones de individualidades (unifamiliares, empresas, entidades de servicios públicos y privados de todo tipo) o de colectivos agrupados (comunidades), y sancionar. Es decir, pagar el trabajo y, además, multar para que, “teniendo que rascarte el bolsillo”, se cambie de mentalidad.
Por otro lado, tirar cualquier residuo en la calle (léase, principalmente, el espectro de latas, bolsas de plástico, colillas de cigarrillos, esputos, etc, y vertidos inconsecuentes a través de las rejillas de pluviales) debiera multarse de modo drástico. Y no miren a “los jóvenes”, que también, pues son actitudes incívicas que se dan en todo el espectro poblacional. Ausencia de conciencia social. Todos somos muy ecologistas y nos “rasgamos las vestiduras” cuando se sigue indicando, con la lógica gran alarma por parte de los expertos en la materia, la ingente cantidad de material plástico que termina en nuestros mares, a través de sus cauces tributarios, con sus enormes, y dañinas, consecuencias. Y, conviene añadir, de todo tipo de residuos, como los apuntados antes, más toallitas, compresas, tampones, gasas, palillos higiénicos, y un largo etcétera (yo he visto extraer de bombas sumergibles colmatadas hasta calzoncillos), al margen de lo que afectan a los propios cauces y colectores de evacuación. Con costes económicos desorbitados pero, principalmente, con costes sociales y medioambientales de difícil cuantificación en daño, por sus repercusiones de degradación medioambiental, que auguran un futuro nada deseable para nuestros sucesores.
Empecemos, pues, a ponernos serios, de verdad, en evitar lo indicado. Mano dura con las actitudes incívicas y, sobre todo, ejemplo drástico de los responsables -técnicos y políticos- correspondientes, fijando medidas directas, muy factibles y económicas, para el daño que evitan -con un mantenimiento adecuado en tiempo, y a tiempo-, para atrapar/retener y extraer los sólidos no biodegradables, antes de su vertido a los cauces. Ánimo. “Levantemos el culo de los sillones y sofás”, y demostremos, realmente, que nos importa nuestro medio ambiente.
Javier Elizondo, asesor en el ámbito del Agua.