Carretera de la Longaniza
Publicado el 09/05/2022 a las 07:18
Veo el reportaje sobre la antigua Carretera de la Longaniza y quiero aportar varios aspectos. Esta carretera unía la Vuelta del Castillo con la zona hospitalaria y seguía un trazado más bien recto con muy ligeras curvas que casi no lo eran. Toda ella flanqueada por olmos que llegaron a una envergadura notable hasta que una plaga de grafioxis hizo desaparecer casi todos ellos. Pues bien, del trazado real de la carretera todavía existen unos vestigios que les explico. Comienzan en la Plaza de Malta urbanizada sobre un aparcamiento subterráneo dominada por una gran elipse. Pues bien, el eje mayor de la elipse se encuentra impreso ligeramente inclinado respecto a su lugar geométrico natural acogiéndose al trazado exacto de la antigua carretera. Por ahí exactamente discurría la carretera. Me tocó realizar la urbanización de la plaza y dejé en ella con toda la intención ese detalle como recuerdo del elemento que existió y conformó parte de la ciudad. Seguía la carretera sobre la acera de la calle Monasterio de Vadoluengo hasta llegar a Sancho el Fuerte en la cual todavía hasta hace poco podíamos observar en el pavimento la huella de algunos alcorques desaparecidos que se situarían en medio de la acera y que se corresponden con la ubicación original de varios de sus olmos. Hoy estos alcorques resultan absurdos pero su presencia tiene ese motivo. Y más. Todavía existe un ejemplar de árbol enorme que podría ser uno de los olmos originales de la carretera. Se trata del árbol existente en Sancho el Fuerte desplazado un metro desde el bordillo con la zona ajardinada. Ahí queda el testigo todavía en pie del arbolado original de nuestra carretera.
Y enfrente, cruzando la calle, tenemos las Escuelas de Sancho el Fuerte. Pues bien el solar de estas escuelas dispone de dos entradas. Una en Sancho el Fuerte colocada de una forma natural y la otra situada enfrente chocando casi con la Iglesia del Corpus Cristi en una posición que hoy puede parecer absurda pero que entonces era totalmente coherente. Todavía no se había construido la Iglesia y podía verse el trazado que seguía hacia el Hospital. Pues bien, estas dos entradas quedan unidas por un espacio a modo de paseo con árboles a sus lados. Este espacio coincide exactamente con el trazado de nuestra carretera de La Longaniza y hoy podemos recrearnos en un espacio muy sugestivo similar al original con su anchura y bóveda vegetal y si observamos con la vista entornada todavía podríamos intuir las siluetas de los Seat 600, los 2CV, 4 latas y algún que otro Simca 1000. De hecho en las condiciones de la obra se establecieron fuertes penalizaciones si se estropeaba alguno de los árboles de forma que se consideró importante su conservación.
Este conocimiento se debe a que junto con Miguel Laurenz pude participar en el proyecto del centro escolar y colocamos la fachada principal del edificio no en una posición paralela a Sancho el Fuerte sino a nuestra carretera. Nos pareció en ese momento que era preferible apoyar la fachada principal en un elemento del lugar que corría peligro de desaparecer antes de otro que iba a permanecer en el tiempo. De esta manera quedaría algún testigo de la carretera que desaparecía ya. Decidimos conservar ese pequeño recuerdo hacia un camino o carretera que tuvo una serie de servicios ciudadanos y su influencia notable en “triunfos” y “fracasos” en actividades personales varias que formaron la personalidad de gran cantidad de pamploneses de la época. Se trata de una decisión basada en una actitud profesional espontánea y justificada, podríamos decir, en un cierto romanticismo conservacionista incluso de un detalle menor en la historia de la ciudad. Tal vez son esas decisiones de pequeña entidad que uno toma en la vida sin un mayor mérito. Con todo, valga mi recuerdo entrañable por las dos reliquias de la carretera de La Longaniza que todavía hoy podemos contemplar.
Paco Monente Zabalza