¿Transformación?
Publicado el 23/04/2022 a las 08:30
El último folleto informativo, recogido en mi buzón, del nuevo sistema de apertura de contenedores mediante tarjeta o móvil dice que: “es mayor la presencia de bolsas fuera del contenedor” y que “la sanción por dejar la bolsa de basura fuera del contenedor puede alcanzar los 750 euros”.
Pues bien, yo confieso que el 90% de las veces que bajo las bolsas de materia orgánica o restos las dejo en el suelo, junto al contenedor. ¿Porque soy una ciudadana incívica? No, el papel, plástico, cristal… los deposito en su contenedor correspondiente, no así la basura de materia orgánica o restos, pues ante la imposibilidad de levantar la puerta del contenedor o pisar la barra para accionarla, no tengo otra opción que dejarla en el suelo, salvo que pase alguien y le pida que, por favor, la meta en el contenedor. Me da un mareo si calculo a cuánto asciende la sanción.
Con el invento de la nueva tarjeta de reciclaje, ingenuamente, pensé: ¡Por fin! Las nuevas tecnologías al servicio de la ciudadanía, la apertura será automática. Cuan equivocada estaba porque todo sigue igual, no veo la mejora porque el resultado final es el mismo, antes había que pisar una barra y ahora un hermoso pedal. En el mencionado folleto, la Mancomunidad, de manera atenuada, informa de que “una minoría […] deposita las bolsas de manera incorrecta”. Yo me atrevería a asegurar que son más que una minoría los ciudadanos que tienen dificultades para hacer el reciclaje correctamente.
Es obvio que la población en determinados barrios y pueblos de alrededor se ha hecho mayor, que necesita la silla de ruedas, el andador, las muletas o tienen falta de equilibrio para quedarse a “la pata coja” y pisar el pedal. Sin embargo, todavía son autónomos para realizar sus tareas diarias, sin necesidad de un acompañante: pasear, ir a la compra, bajar la basura… pero son los que tienen más “boletos” para ser sancionados, ante la dificultad de actuar como buenos ciudadanos - a no ser que se queden plantados como un poste, esperando a que pase un amable transeúnte y le deposite la bolsa en el contenedor-. Para seguir concienciándonos, la Mancomunidad informa de que en 2021 la mala práctica en el reciclaje “supuso un sobrecoste de más de un millón de euros”. En consecuencia, la Mancomunidad amedrenta a la población mediante una extraordinaria sanción, haciendo tabla rasa con lo expuesto más arriba. El despliegue de la campaña publicitaria ha sido extraordinario: puerta a puerta, buzoneo, casetas, informadores, helados de frío (doy fe de ello), junto a los contenedores, y esto también habrá supuesto una fuerte inversión.
Pero el problema sigue sin resolver. La Mancomunidad tiene el deber y la obligación de informar para que la población colabore en mejorar la salud de este maltrecho planeta, pero también tiene la responsabilidad de reflexionar, analizar la evolución de la población según sus necesidades y gestionar bien los impuestos recaudados e invertirlos en el diseño de un sistema de reciclaje accesible a toda la ciudadanía. El reclamo publicitario de la campaña dice: “Con la nueva tarjeta de reciclaje tenemos el poder de transformar”. ¿Transformar? Sí, nuevos contenedores y proceso más largo: botón, tarjeta…pero no, el resultado final es el mismo acompañado de una posible sanción.