Sobre nuestro paisano más universal
Publicado el 21/03/2022 a las 07:52
El pasado 11 de marzo se publicó en DN un reportaje sobre el III centenario de la canonización de nuestro paisano más universal, San Francisco de Javier, que tuvo lugar en 1922, ya que este año celebramos el IV con un año santo javierano que acaba de arrancar con las javieradas. El artículo viene ilustrado con una gran foto de la multitudinaria procesión que se celebró el 24 de septiembre hace 100 años y me da pie a hacer una crónica de la “intrahistoria” de esa foto. Lo primero que llama la atención es la gran multitud presente y cómo se encontraban engalanados los balcones, lo que nos demuestra el sentir mayoritario de nuestros padres y abuelos. Según las crónicas participaron unas 25.000 personas en una ciudad que en aquel año tenía 33.200 vecinos. La reacción a la política anticatólica de los gobiernos liberales de comienzos de siglo se reflejó en Navarra en multitudinarias manifestaciones populares de afirmación católica. Y precisamente en este clima, mi padre Ignacio Baleztena fue elegido diputado foral y designado por la Diputación como miembro de la Junta Organizadora de los actos conmemorativos. En el balcón principal del Palacio de la Diputación se puede ver al Cardenal de Zaragoza, al señor Baztán obispo dimisionario de Oviedo y al arzobispo de Sevilla, con el brazo de San Francisco Javier y su Cruz bendiciendo a la inmensa multitud que ocupaba la plaza de la Diputación y el Paseo de Valencia. El encargado de traer estas reliquias a Navarra fue precisamente Ignacio Baleztena, que pese a ser jaimista, es decir, partidario del pretendiente carlista Jaime III, se empeñó y consiguió que Alfonso XIII cediera el crucifijo del santo. Lo siguiente fue ir personalmente a Roma para conseguir traer a Navarra el brazo de Javier contra la voluntad inicial de los jesuitas, consiguiéndolo gracias a las gestiones del Cardenal Benllacq. Finalmente, no sin vencer muchas dificultades, se consiguió que el brazo del Santo Apóstol Navarro viniera a bendecir la tierra que le vio nacer.
Siguiendo con la foto, observamos que están San Fermín, San Miguel de Aralar y no se ve bien a Santa María del Sagrario, actualmente también llamada la Real. También llama la atención la presencia de los gigantes; y es que mi padre no entendía que una celebración religiosa no fuera acompañada de actos festivos populares como así los hubo con fuegos artificiales, bandas de música, zezenzuskos, corrida de toros y, por supuesto, con sus queridos gigantes, a los que él dio nombre. Nuestros padres y abuelos vivían la religión integrada totalmente en la vida civil, sin problemas de un obsesivo “laicismo” que viera incompatibilidad ninguna.
Pero entonces ¿Dónde está Ignacio Baleztena en la foto?. Vamos al balcón presidencial donde le correspondería estar y no lo encontramos. Vamos a su casa con los balcones atestados de gente y vemos a mi abuela Dolores con un gran retrato de San Francisco Javier pintado precisamente para la ocasión por la hermana del aitacho (así llamábamos a mi padre), Mª Ysabel Baleztena Ascárate. Luego hablaremos más de la historia de este cuadro. Pero, entonces ¿dónde estaba el organizador de todo este lío? En su sitio, donde se sentía a gusto, con sus paisanos, entre la multitud, vestido de frac como diputado foral, pero en medio de toda la salsa, cerca de San Fermín junto a Manuel Irujo, diputado nacionalista, que, salvando sus diferencias ideológicas, supieron encontrar lo que les unía como hicieron en otro tiempo el navarro Francisco de Jaso (San Francisco de Javier) y el guipuzcoano soldado de Castilla Ignacio de Loyola (San Ignacio).
Respecto al gran cuadro que mencionábamos, tiene una curiosa historia. Fue colocado en el mismo lugar por mi familia en otra concentración multitudinaria, pero con la que estábamos en desacuerdo. Casa Baleztena se cerró a Franco 30 años después, el 3 de diciembre 1952, y a diferencia de esta foto, los balcones permanecieron totalmente vacíos y, en vez de engalanar la casa, solo se puso presidiendo este enorme cuadro de San Francisco Javier en el mismo balcón, vacío como desplante a Franco. Finalmente, el gran cuadro fue cedido por la familia a la parroquia de Leiza, donde actualmente se venera. Ahora, 100 años después me pregunto: si levantaran la cabeza el carlista Ignacio Baleztena de Dios, Patria-Fueros, Rey, el nacionalista Manuel Irujo de Jaungoikoa eta lege zaharrak y toda esa multitud de navarros que eran nuestros padres y abuelos ¿reconocerían esta Navarra? ¿Qué les unía? ¿Qué hemos hecho con la herencia de nuestros antepasados?
Javier Baleztena Abarrategui