La patria, la maldita patria
Publicado el 27/02/2022 a las 09:26
A duerme velas, o entre tanques de aceite ardiendo, ya no sé bien cómo describirlo, llegó por fin las noticias de la inminente salida de Casado de la sede de Génova, y de la intromisión de misiles rusos en bases ucranianas. Quizá dos de las noticias más esperadas en los últimos meses. Noticias que la especulación, la desinformación y el peligro han contaminado en los últimos días. Todo por la patria, la maldita patria.
En Madrid una guerra a tumba abierta; en Ucrania, otra a punto de enterrar a cientos de almas que poco o nada tienen que ver en este conflicto. Mientras desayunaba, mojando una galleta en mi mar negro de café, vi el vídeo del ataque aéreo a una de aquellas bases. Lo primero que me vino la cabeza fue el primer conflicto donde se utilizó un sistema moderno de guerra. Todo, véase bien, sea por la patria, la maldita patria.
Aquel conflicto, que data del siglo III ac, durante la campaña de Sapor I, establecería un nuevo horizonte en las formas de combate. Un ataque de los Persas a territorio romano, en la actual Siria, donde la mezcla de betún y cristales de azufre, se llevaría la vida de los romanos. Luego vinieron tantos otros métodos, como los utilizados en Vietnam, Londres, Gernika, Bosnia, Bagdad, perdonen si me salto algún conflicto de igual o mayor magnitud, y ahora, Ucrania. Un asedio continuo a territorio civil, sin escrúpulos, que de nuevo parece ser por la patria, la maldita patria. En Génova, el asedio a civiles viene de la mano de la desinformación, del bulo, de la mentira. El oscurantismo y la ocultación son la nueva guerra, quizá una guerra ya de por sí irrefrenable e indetectable que, desde hace muchos años, vaga a sus anchas por nuestros parques, como una china en el zapato que pica, pero uno se acostumbra. En Génova, parece también que todo debe ser por la patria, sí, esa la maldita patria.
Y es que en todos estos conflictos, en especial en aquellos que se parecen al conflicto en suelo ucraniano, y de responsables como Putin, Hitler, Stalin, Franco, Pol Pot o Pinochet, no les importan ni la muerte, ni la pobreza, ni la escasez, porque por encima de todo está la patria, la maldita patria. Para todos ellos, la nostalgia oscila sobre sus cabezas como una espada de Damocles. Un esfuerzo por devolver al sitio que corresponde a su país, con sus territorios, riquezas e ideas. El trapo de cocina de diferentes colores baila como la bolsa de American Beauty, bajo el sonido apócrifo de Leni Reifenstahl.
Al final, y para ellos, nada queda. ¿Y para el resto? Escombro, ruina y dolor. Cristina Pero Rosi añade a estos versos de Machado: “Estos días azules y este sol de la infancia”, una esperanza de la mano de una mariposa que dice “que no todo está perdido”, salvo la patria, la maldita patria, que se podría ir a freír espárragos.
Alex Tiraplegui Garjón, comunicador audiovisual y estudiante de Filología Hispánica en la UNED