En guerra
Publicado el 27/02/2022 a las 09:28
Determinados líderes políticos mesiánicos, amorales o beligerantes, pulsan los bajos instintos humanos para que estalle la guerra en un momento u otro. Me asusta la capacidad insondable que tiene el hombre para hacer el mal, de administrar dolor y muerte. Ese fondo de ferocidad puerca, que existe en las capas inferiores del ser humano. La inhumanidad de la guerra tiene vertientes perniciosas: corrupción espiritual, odio, devastación, egoísmo y supresión de toda norma moral. ¿Por qué este odio? La guerra, por así decir, da permiso a la gente para liberar sus resentimientos y dar rienda suelta a sus odios. La guerra no arregla nada. Miles de jóvenes con sus esperanzas rotas por una locura política. Miles y miles de cadáveres destrozados y desfigurados. Saqueos y expolios de obras de arte y tesoros patrimoniales. Muertes a raudales. Monumentos para los muertos, víctimas y caídos. Miles de tumbas y fosas comunes. Privaciones de derechos. Rencor en la vida de las gentes. Familias enteras destrozadas. Un fracaso persistente. Un sinsentido. Una crueldad. Un atropello masivo. Una desolación. Gemidos de terror. Bombas indiscriminadas. Días sangrientos. Tierras ensangrentadas.
Los pueblos, entre otras causas, no están destinados a enfrentamientos crueles. Se obliga a la lucha. Desastre y atraso. Con la guerra se pierde todo. El mandato de “ama a tus enemigos” se convierte en “odia a tus enemigos”. Se considera al otro como inaceptable, intolerable, incompatible. Hay que aterrorizar, masacrar, aplastar y ejecutar al enemigo. Hay sed de venganza, de destrucción, de repetición del odio, de oposición automática. Se implanta la voluntad de no convivir con el vecino. Bien lo lamentó Virgilio (ecl 1 , 72-73) : “en quo discordia cives/ produxit miseros” (he aquí a dónde condujo la discordia a los míseros ciudadanos). Al final miseria y desencanto. Me uno al llamamiento del Papa ante el empeoramiento bélico de la situación de Ucrania. Nos dice que Dios es Padre de todos , Dios de la paz y no de la guerra, que nos quiere hermanos y no enemigos. Y nos da la respuesta: “Jesús nos ha enseñado que a la insensatez diabólica de la violencia se responde con las armas de Dios , con la oración y el ayuno. Que la Reina de la paz preserve al mundo de la locura de la guerra”.
Enrique Iriso Lerga