En las últimas filas
Publicado el 20/02/2022 a las 08:53
El domingo 13 muchos ciudadanos honramos a los asesinados por ETA acudiendo al acto que se celebró en su honor en la plaza de La Constitución, junto al monumento erigido en su memoria. También hicieron acto de presencia políticos varios: la cúpula de UPN con Esparza a la cabeza; altos cargos del PSN (excepto Chivite, que tal vez no se atrevió a acercarse); y otros dirigentes locales (como Ana Ollo quien, simultáneamente, se conmueve por los asesinados y por quienes les metieron el tiro en la nuca). Y también se presentó en el acto Carlos García Adanero del que la crónica periodística decía que “se situó en las últimas filas y no coincidió en ningún momento con la dirección regionalista”. ¿Qué hacía don Carlos (puro ADN de UPN, o eso nos parecía) situado “en las últimas filas” y sin coincidir con sus camaradas de UPN, ¿qué pensaba en aquellos momentos, qué circunstancia le llevó a tener que colocarse allí?
Recordemos: el pasado día 3, Adanero y Sayas, desobedeciendo las instrucciones de UPN, votaron en el Congreso “no” a la Reforma Laboral, dicen que “por honestidad, lealtad a los votantes, dignidad, y por no ayudar a un Gobierno aupado sobre Bildu”. Pero, aunque Bildu también se opuso, la Ley se aprobó, resultando que Sayas y Adanero votaron igual que los independentistas. Las consecuencias fueron tremendas: terremoto en UPN con división de opiniones entre los afiliados y los votantes; el descrédito, a veces rayando el insulto, de Javier Esparza y de la dirección del partido, con un perverso cachondeo en artículos de prensa y en tertulias radio/televisivas; ruptura de los puentes recién iniciados entre UPN y PSN/PSOE. Así mismo, Navarra, especialmente la Ribera, perdió lo acordado entre UPN y PSOE por el apoyo regionalista a la Reforma Laboral: que Tudela viera desaparecer las vías que la parten por la mitad, y que el Ebro y sus afluentes navarros se limpiasen para evitar futuras inundaciones. Y quizá se atisbaba un futuro deshielo entre PSN y UPN (empezando en el ayuntamiento de Pamplona), dos fuerzas políticas navarras obligadas a entenderse si no quieren que se los coman por los pies los nacional/independentistas vascos.
Pero, sin duda, lo más importante del pacto fue el acuerdo para que, en esta Legislatura, se prohibiesen y castigasen por Ley los “ongi etorri” a los presos de ETA. Seguro que Adanero lleva esto clavado como una espina en su corazón, vista la trayectoria de este congresista a lo largo de los años. Pero, en fin, “lo hecho hecho está”, y ahora toca que “a lo hecho, pecho”. Adanero y Sayas, saquen a relucir su lado navarro noble y cabal, no el cabezón. No renuncien al escaño, es suyo, pero sean sumisos a las personas que les han elegido (partido y votantes), gracias a las que están donde están. Y al terminar la legislatura, váyanse a su casa, cierren sus oídos a traicioneros cantos de sirena y reflexionen.