Políticos
Publicado el 14/02/2022 a las 09:09
Hay un país que se llama España, que a unos gusta y a otros menos pero que en todo caso se llama así, aunque algunos mentecatos han dado en llamarle “el Estado”. Y digo mentecatos porque nos entenderemos mejor si a las cosas se les llama por su verdadero nombre. Pues bien, en ese país hay cosas estupendas pero también problemas, como en todos. Hay por ejemplo españoles que no se reconocen como tales, o comarcas del interior con menos habitantes por kilómetro cuadrado que en Laponia. Hay índices de paro que doblan a los de Europa occidental, sobre todo entre los jóvenes, de modo que lo tienen muy difícil salir adelante (los viejos de hoy tampoco lo tuvimos fácil, cuando los sueldos eran bajos pero había trabajo seguro). Así resulta que los jóvenes en España se destetan a los veinte años y abandonan la casa de los padres con más de treinta, mientras nosotros lo hicimos a los veinte. Hoy las parejas a menudo viven juntas antes de casarse y encargan un hijo único sin prisa, con lo que va surgiendo inevitablemente un problema demográfico que sólo se podrá solucionar con gente que venga de fuera aunque a algunos no les guste. En fin, aquí se dedican pocos recursos a la investigación, de modo que se gana mucho más jugando al fútbol que trabajando en un laboratorio, con lo que se mantiene un perenne retraso científico y tecnológico… etcétera, etcétera (Pío Baroja lo explicaba todo diciendo que en España llueve poco y escasea la sangre aria). La relación de problemas nacionales excede con mucho los límites de una carta a un periódico, pero será preciso añadir que uno de los más acuciantes es el de la clase política que tenemos, considerada en su conjunto, salvando algunas individualidades, como la más desprestigiada de todas las que forman la sociedad española, empezando por quien fue el número uno de ella, que hoy vive en Abu Dabi. Imaginemos por un momento que aquí todo el mundo funcionase como los políticos, que los arquitectos y los albañiles fuesen semejantes a ellos, así como los ingenieros de Caminos, los carpinteros, los reponedores de hipermercados, los curas, los comerciantes, los contables, los ganaderos, los notarios … Resultaría un país inhabitable, donde las casas se levantarían sin el suficiente cemento, los puentes se caerían, la madera de chopo pintada con nogalina se vendería como si fuese caoba, los hípers estarían siempre mal abastecidos, los curas ni tan siquiera creerían en Dios, los comerciantes engañarían en el peso, los contables solo sabrían funcionar en B, los ganaderos criarían carne engordada artificialmente, nadie se fiaría de los notarios… etcétera, etcétera. Sería terrible, ¿no les parece?