Delincuencia, cuando los datos no gustan
Publicado el 31/01/2022 a las 07:33
Tal como proclama alguna ministra, a mí me gustaría que mis nietas y nietos puedan salir por las noches con libertad y seguridad. Y que vuelvan a casa sin que les roben, les agredan o intimiden. Esto es lo que reclamamos hace unos días un grupo de marcilleses y marcillesas, pero casi toda la clase política se puso de perfil ante un problema que afecta directamente a la ciudadanía. La propia juventud tiene miedo, tal como recoge el estudio coordinado por el pedagogo Montxo Oroz, entrevistado en Diario de Navarra.
El alcalde de Pamplona sí que mostró su apoyo a los marcilleses, lo cual es de agradecer. Ahora vemos cómo los grupos de la oposición se le echan encima y le tachan de xenófobo por ofrecer los datos desglosados de robos con violencia. Bildu, que es muy dada a solicitar información, ha pedido al concejal Javier Labairu todo tipo de datos sobre delitos y víctimas, pero qué casualidad, no exige el mismo nivel de detalle sobre los presuntos agresores.
No es tarea fácil educar en estos tiempos a los hijos e hijas. Hace falta sangre, sudor y lágrimas, sobre todo muchas lágrimas. Y cuando son menores, los padres asumimos las consecuencias de sus actos. Porque dicen que los hijos son del Estado, pero sólo para lo que les interesa. Los menores no acompañados sí que son del Estado, de forma subsidiaria, porque este mundo lleno de injusticias y dolor les ha privado del derecho universal a tener una familia. Y el Estado, o en este caso el Gobierno de Navarra, deberá ejercer una auténtica tutela, con sangre, sudor y lágrimas y no sólo con recursos económicos. Y asumir las consecuencias.