Los pastores de Belén

Juan José Martinena Ruiz

Publicado el 02/01/2022 a las 09:07

Hacía varios años que no les escuchaba. Por eso, cuando el domingo pasado nos anunciaron que iban a animar con sus cantos una misa en la parroquia de Santa Vicenta, acudimos puntualmente a disfrutar de su actuación. Y desde luego mereció la pena, como siempre. Hay que decir una vez más que la labor que este grupo de voces, acompañado por unos pocos instrumentos, realiza cada año por estas fechas en distintas iglesias y otros lugares de nuestra ciudad, resulta absolutamente impagable. Es una suerte y un privilegio poder contar con ellos, y no sé si lo valoramos como merece. Ahora que se habla tanto del patrimonio inmaterial, conviene tener presente que de ese variado repertorio de villancicos tradicionales de nuestra tierra con los que desde siempre nos alegran y emocionan, algunos pueden datar de hace más de dos siglos. A todo el que los oye, pero muy especialmente a quienes nacimos aquí, nos llegan al corazón porque nos transportan a aquella Pamplona de nuestra niñez, tan distinta de la de ahora, y a aquellas navidades de entonces, mucho más austeras y sencillas, pero tal vez por eso mismo más felices y desde luego más auténticas. Porque aparte del turrón y las familias reunidas en torno a una mesa mejor surtida que los demás días, el belén presidía la fiesta y era el principal objeto de atención. Junto a él se cantaban villancicos como estos que felizmente siguen hoy cantando los pastores, y todo giraba en torno al acontecimiento que se celebraba: el nacimiento del Niño Dios, envuelto en pañales en un pobre portal.

Nada que ver con esto de ahora, con esa aséptica frase de felices fiestas que se está poniendo de moda, olvidando la de Feliz Navidad, incluso entre quienes nos consideramos creyentes. Nada que ver con la triste realidad de que ya no se escuche un villancico ni en el supermercado, por no molestar a quien no tendría por qué molestarse. Ni menos aún con el despilfarro y con la juerga descontrolada en las calles, que a menudo recuerda las bacanales de la antigua Roma. Y es que hemos olvidado, yo diría que absolutamente, el espíritu y el significado de la Navidad. Es un signo más de los nuevos tiempos; en unos pocos años hemos perdido una serie de valores que eran esenciales en la vida, y así nos va como sociedad. Por eso hoy se hace más necesaria que nunca la presencia y la actuación de ese selecto grupo de buenas voces y de buena gente que forma la Pía Unión de los Pastores de Belén, con sus característicos atuendos, propios de un pasaje bíblico.

Cada una de sus intervenciones, siempre aplaudidas con entusiasmo en todos los lugares donde cantan, son un verdadero regalo para el oído, pero también una especie de bálsamo para el alma. Que no nos falten nunca.

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