Mordaza al libre pensamiento

Carmen Baleztena Mateo

Publicado el 26/12/2021 a las 08:25

En una sociedad tan tolerante como en la que predicamos vivir, llaman la atención actitudes extremadamente intolerantes hacia determinados colectivos. Hablo de colectivos a los que nadie defiende, no de esos con los que los políticos se llenan la boca (ojo, que no digo que no haya que defenderlos). Sin embargo, no puedo dejar de notar que dentro de la corrección política y de la tolerancia, hay un grupo que no está incluido. Se trata de una parte de la población de la que no importa burlarse, incluso “eres guay” por hacerlo porque está de moda.

Para quien no lo haya adivinado a estas alturas, hablo del colectivo cristiano. Somos un conjunto silencioso al que parece que todo el mundo puede ofender sin que haya consecuencias. Algunos lectores se preguntarán el porqué de esta carta y más en vísperas de unas fechas tan señaladas y especiales para todos (por cierto, de tradición cristiana). Explicaré el motivo: paseo con mis amigos por la ciudad; me fijo en cómo está decorada, en las luces que la iluminan, en los escaparates con belenes u olentzeros y las sonrisas que pintan los rostros de la gente. Me detengo ante un cristal y, sorprendida, veo que hay un belén que atenta contra las creencias y el sentir de tantos ciudadanos. Me pregunto el porqué de semejante ofensa, ¿tan pobre es su producto que necesitan ofender para llamar la atención? ¿Es necesaria una “publicidad” basada en el dolor y la ofensa ajenos? Probablemente, mucha gente todavía no esté enterada de la existencia de un establecimiento que se encuentra en la Calle Comedias. Al margen de que sus productos estén diseñados con mejor o peor gusto, no veo la necesidad de ofender a nadie con ellos. Porque sí, hay límites, e insultar a alguien para aumentar las ventas o para llamar la atención es uno de ellos. Poco se atreven con otras religiones. Algunos quizá piensen que exagero con el texto, sin embargo, es hora de hacer ver que no todo vale, que la “libertad de expresión” o el “libre pensamiento”, bajo el que tantos se amparan, no puede justificar las faltas de respeto y las humillaciones hacia nadie. Es hora de que nos quitemos la mordaza.

Carmen Baleztena Mateo

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