Riadas: instituciones a la altura de sus ciudadanos
Publicado el 16/12/2021 a las 08:16
En los momentos de desesperación, el factor humano siempre nos sorprende. Hemos vuelto a comprobarlo estos días con un temporal y unas riadas que en Navarra se han cobrado dos vidas y han llevado la desolación a 74 municipios. Primero es la angustia, después la resignación... pero al final siempre encontramos la esperanza.
Y eso que la desgracia se ha producido en otro momento delicado, uniendo su zozobra a la de una pandemia que nos sigue apretando con fuerza y que comparte con la riada esa abrumadora sensación de impotencia ante un fenómeno aparentemente incontrolable. E incluso en estos momentos, escucho algunos testimonios de afectados, leo muchos otros y vuelvo a comprobar la grandeza de esta tierra y de su gente ante la adversidad. Las respuestas a las crisis son solidarias, fuertes y decididas. Somos capaces de mirar a los ojos al problema porque en medio de la desdicha, aun sabiendo que recuperar la normalidad es muy complicado, buscamos la solución.
Sin embargo, en esta situación, también se escuchan críticas. Históricamente, los afectados califican las ayudas como “lentas” o “insuficientes”, y pasan del agradecimiento a la impaciencia porque encuentran “demasiadas trabas” o barreras burocráticas que ralentizan el proceso de recuperación. Y es aquí donde las instituciones deben ponerse a la altura del ciudadano, bajar al barro y responder con la máxima responsabilidad y agilidad posibles.
Es clave que la ejemplaridad de la reacción ciudadana tenga reflejo en la reacción propia de los poderes públicos. Quizás no sólo en esa agilización en los trámites de las indemnizaciones, sino también en estudiar a fondo informes sobre los sistemas de medición de caudal, la suciedad en los ríos, etcétera. La dimensión del desastre indica que todavía hay mucho margen de mejora en los protocolos de prevención, y las instituciones deben esforzarse por hallarlo: dar una respuesta cuando el daño está hecho es lo justo, intentar evitar la dimensión de ese daño es lo correcto.
Finalmente, quiero enviar un especial mensaje de solidaridad a todas las empresas y trabajadores afectados por el desastre, al sector agrícola gravemente dañado en cultivos tan emblemáticos para nuestra tierra como el cardo o las alcachofas, además de muchas otras, que sufrirán una considerable merma. También a la pequeña y mediana empresa a pie de calle, representada por ese comercio de barrio con la bajera inundada, cuyo dueño mira al futuro con la esperanza a corto plazo de una solución rápida y satisfactoria, y con la certeza a largo plazo de que se pondrán soluciones para que algo así no vuelva a repetirse.