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No hay que olvidarse de los grandes profesionales

  • Araceli Alcaiza Mateo
Publicado el 02/12/2021 a las 08:01
Ayer, 1 de diciembre, era el día mundial del Sida. Como cada año en este día los medios de comunicación nos invaden de noticias, llenan las noticias de datos estadísticas, tratamientos, etc. Yo quiero recordar a una persona que fue un gran ejemplo a seguir en esta enfermedad, el doctor Julio Sola Boneta, jefe de área de Enfermedades Infecciosas del Hospital de Navarra.
Julio ya se jubiló hace unos años, antes de que llegara la fusión en hospitales pasando a ser todo Complejo Hospitalario de Navarra. Pero por muchos años que pasen, don Julio dejó una huella tan grande que aún a día de hoy seguimos añorando su presencia. Julio es un gran profesional, vocacional, con una humanidad tan grande que es difícil encontrar médicos como él.
Conocí al doctor Sola, que así le llamamos todos, a mediados de los 80, cuando esta pandemia se extendía rápidamente sin saber mucho de ella. Años en los que la gente huía del sida como de la peste. Apenas se sabía nada, solo que la gente, sobre todo jóvenes, morían de una enfermedad devastadora. El miedo se apoderó de mucha parte de la población. Las personas afectadas se deterioraban de tal manera que al final era evidente que estaban enfermas, la lipodistrofia hacia estragos convirtiendo la cara o todo el cuerpo en un auténtico esqueleto. Ahí conocí a Sola: con su mano tendida nada más entrar atendía a los pacientes, ya solo el mero hecho de su mano descubierta cuando otros se llenaban de escafandras hacía que tu miedo se relajase un poco, te devolvía la dignidad, fueras quien fueras. Daba igual una persona con recursos o no, todos han sido iguales para el doctor Sola. Su humanidad era tan grande… Si no que se lo pregunten a más de un indigente a los que les socorrió del frío de la calle estando en un ingreso. Un gran profesional nuestro doctor Sola. Él consiguió que el área de enfermedades infecciosas tuviera un lugar dentro de las especialidades, opositó y lo dio todo. Formó a su equipo de trabajo y a muchos docentes que ojalá usen lo aprendido con la misma devoción. Investigó y nunca dejó de formarse para que en Navarra tuviésemos lo mejor. Por mi trabajo tuve la suerte de conocer a los mejores investigadores en esta enfermedad, los más famosos Bonaventura Clotet, Josep Maria Gatell…Y otros muchos de la élite en VIH/Sida pero, créanme, Julio Sola era uno de ellos. Mejor diría que su humanidad y su precaución le hacían ser uno de los mejores. Por eso escribo esta carta, para que no olvidemos a los grandes nunca. Profesiones que hacen su labor con dignidad y saber hacer. Profesionales que la medicina ha sido su vida y que nos pueden enseñar tanto. Sobre todo, cosas que no vienen en los libros pero que son tan necesarias como las pastillas. De esto sabe mucho Julio Sola. Gracias y mil veces gracias en mi nombre y en el de tantos pacientes que aún a día de hoy me preguntan por él. Gracias por su humanidad, por lo que aprendí a su lado, por cuidarme tanto.
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