¿Cómo es posible?
Publicado el 28/11/2021 a las 08:37
¿Cómo es posible que un “influencer” de Youtube, haciendo lo que hace online, pueda hacerse multimillonario en apenas dos años? Esto es algo que nos preguntamos muchos de mi generación - tengo sesenta y cinco años- tras conocer tamaña información visualizada a través de ese medio de comunicación (hoy tan denostado por algunos) como es “cualquier informativo de una de las cadenas de la más arcaica y tradicional TV”. ¿Y cómo es posible que un renacuajo sin apenas estudios y sin ningún otro tipo de preparación especial (Periodismo, Ciencias Sociales, Pedagogia, Ciencias Políticas, Humanismo, etc) gane semejante dineral por enseñar a una cámara cómo se pone unos calcetines en su propia casa, cómo se afeita, o cómo escucha música de su grupo favorito con su smartphone? Y todo ello es visualizado, en tiempo real, por hasta seis millones de personas. Personas que lo ven a diario y con mucho interés.
¿Y cómo es posible, a su vez, que un chico estudioso y con buena calificación académica, con licenciatura y demás, trabajando duro durante toda su vida, no logre igualar lo ganado por el nombrado youtuber, en tan solo un año? Una vez bien digerida la noticia voy a tratar de analizar el asunto en cuestión, sin sorpresas y sin alarmismos. No es fácil. El sujeto en cuestión, además, se nos muestra como un auténtico tránsfuga, amoral y evasor de impuestos. A esta conclusión llegamos tras escuchar cuando se nos dice que reside en Andorra, por el asunto de los impuestos. ¡Ah! Y, también se nos informa de que no es el único influencer español que hace esto, ni mucho menos. Si no que más bien son legión el número de youtubers millonarios que viven en Andorra -¡toma ya!-. Bien, como digo, trato de analizar la cuestión y me digo: O sea , un mediocre endeñando las miserias domésticas de su casa y de su simple vida en unos vídeos es capaz de arrastrar a un número millonario de personas”. Y entonces reflexiono, ¿personas? ¿Realmente son personas normales al uso? ¿Serán personas como José el tendero de mi calle que sube la persiana de lunes a viernes y de 8 h a 22 h? O tal vez estas personas que siguen a estos influencers serán como las cajeras del supermercado de mi barrio -siempre tan cuidadosas y atentas-. ¿O tal vez serán como Pepe -mi vecino- que trabaja en una inmobiliaria y se pasa el día de aquí para allá, enseñando pisos? Y tras estas reflexiones llego a una conclusión: estos millones de personas que le siguen mientras se afeita o lava la cara, “no son personas normales, al uso”. Porque una persona normal no hace eso. Y no lo hace porque suele estar ocupada y el poco tiempo libre que pueda quedarle (tras su trabajo diario, hacer la compra, limpiar la casa, estudiar, cocinar, pedir una cita en centro de salud, comprar una cafetera…) lo invierte en otras cuestiones más interesantes y necesarias, en el día a día de un ciudadano normal y dentro de una vida familiar al uso. Aquí, amigo lector, es cuando me invade el terror. Y es al pensar en mi más íntimo fuero interno: “que estos millones de personas que pasan horas viendo cómo el influencer mata moscas en su casa, votan”.
Sí, si estas personas seguramente serán parte de la masa de votantes de nuestra joven democracia y, por lo tanto, podrán votar para elegir al ayuntamiento, al gobierno autonómico y a un gobierno nacional que regle nuestras vidas futuras. ¡Oh, Dios mío!
Carlos Amat Larraz