Ante la festividad de San José de Calasanz

Enrique Iriso Lerga

Publicado el 27/11/2021 a las 09:00

Hoy, 27 de noviembre, se celebra en honor de San José de Calasanz el día de los maestros. En efecto, el 27 de noviembre de 1597, este escolapio aragonés tuvo la idea de abrir una escuela en Roma para niños pobres. Roma tenía entonces unos 100.000 habitantes. Convivían la opulencia y la pobreza, la cultura y la ignorancia extremas. Fue el pionero en sustentar los principios de la escuela popular, gratuita y universal en Europa, adelantándose dos siglos a la proclama de la Revolución Francesa. Calasanz, además, demostró que no hay contradicción alguna entre ciencia y fe, tal y como sostuvo el físico italiano Galileo Galilei (1564-1642). Llegó a ser amigo del eminente astrónomo, hasta el punto de que el escolapio Clemente Settimi, llegó a ser secretario personal de Galileo. Durante las Cortes que redactaron la Constitución española de 1837 el diputado pamplonés Pascual Madoz (1806-1870), autor del Diccionario geográfico-estadístico de España y sus posesiones de Ultramar, exalumno de los escolapios de Barbastro, se pronunció así : “Me interesa la libertad de España, y la libertad necesita instrucción, como la que proporcionan los colegios de los escolapios” (L. Negro Marco).

Me centro en sus aportaciones pedagógicas dictadas mediante cartas a sus hermanos en religión hace de esto 400 años: establecimiento de la educación gratuita para todos, la opción preferencial por los niños pobres, la división en distintos grados y niveles educativos, progresivos y correspondientes a edades y conocimientos, la instrucción científica seria, abierta, rigurosa, completa e interdisciplinar, la necesidad de que la educación prepare y sirva para la vida, la utilización de un método didáctico breve, sencillo y eficaz, la dotación de un plan educativo común para todas las escuelas y la vibración y constante presencia de la dimensión evangelizadora en todo el proceso educativo.

Selecciono un único aspecto pedagógico de los 36 que cita M.A. Asiain en su libro “El año con Calasanz, un camino de experiencia espiritual”: la paciencia del educador calasancio. El maestro requiere paciencia “para saberse servir del talento que descubre en los súbditos y saber además, con afecto paternal , poner en remedio a las faltas e imperfecciones , exhortándoles uno a uno” (c.3721); “solo con la paciencia los niños pueden ser conducidos por la senda recta” (c.225); “con paciencia nunca se pierde la esperanza de la enmienda” (c.720); “se sabe disimular las faltas más pequeñas y se atiende a las más repetidas” (c.2602). El educador que es paciente no se encoleriza y así hace el bien en los educandos. No grita, porque no se puede gobernar gritando, ni usa palabras mordaces; procura no romper con los alumnos; se compadece de la debilidad de los mismos y les advierte con amor de Padre.

Enrique Iriso Lerga

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