Un muerto en mi memoria

Aroa Parras Garrido

Publicado el 29/10/2021 a las 08:33

Va a ser el primer 1 de noviembre que tengo un muerto en mi memoria. A mis 41 años le he arrancado todas las hojas del calendario sin haberme detenido nunca en el Día de Todos los Santos. Eso sí que es tener suerte.

Hago hoy un alto en el camino para dar vida al recuerdo de mi mecenas, que murió dejando un manto de nieve en la tierra y a una mujer llorando a mares. Todavía no sé dónde está, pero no le busco. No voy a encontrarlo, así que el resto de mis días me alimentaré de todas las puertas que me abrió. Probablemente no me comprendan si digo que me consuela que ya no esté en este mundo pero deben saber que sus últimos años me demostraron que se puede estar muerto aún con latido. Hay que querer mucho a alguien para ansiar su muerte. Porque mi difunto a mí me duele, aunque menos que cuando agonizaba. Desearle más vida hubiera sido egoísta por mi parte y por eso hoy celebro con alivio que haya encontrado el descanso eterno. Que la tierra le sea leve.

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