Un gran corazón rojillo

Fran Burgui Manrique

Publicado el 29/10/2021 a las 08:33

El corazón, ese gran músculo que nos hace latir a mil por hora por un equipo, por un hijo, mujer, hombre, cosa o sentimiento... Ese maldito órgano que durante horas al día ni te acuerdas de él, pero que en segundos te cambia el orden de importancia de las cosas, poniendo blanco sobre negro y recordando, con apenas un latido de más o de menos, que él lleva el ritmo de tu vida, que decide dónde y cuándo y por qué sentirás que ese, ese será un momento que nunca olvidarás. O que quizás, y así es esta vida, será ese último instante. Porque todo se reduce a eso, a ese instante… Ese instante, ese es cuando un montón de cosas se alinean y se juntan y confluyen ….Lo que no depende de ti, poco puedes hacer, lo que no controlas se le dice incontrolable y suele llamarse casualidades de la vida.

Esas casualidades de la vida hicieron que pasara ahí (no era mal sitio con sanitarios de tanto nivel y tan cerca) esas casualidades hicieron que pasara en esas circunstancias (esas ya tengo más dudas que fueran las mejores, sabiéndose rojillo y de Granada) y, por último, esas casualidades eligieron que ocurriera minutos antes de un gran partido, como todos los de nuestro Osasuna y a más, en el Sadar, antes de que esos jugadores y equipos, por el que él hubiera dado la vida (santa ironía) saltarán al verde. Y antes de que alguien, algo o algunos (delegado, presidente, la liga, árbitro, capitanes, etc, qué más da quien) no tuviesen, ni seguramente jamás tengan, el mínimo de respeto o humanidad hacia un corazón que en ese “maldito instante” había decidido pararse, y que tanto había latido por ellos durante muchos y muchos años.

Un gran corazón rojillo que no fue correspondido con un poco de dignidad futbolística, un mínimo de decencia, algo de respeto, sí respeto. Respeto para haber mandando detener unos minutos el calentamiento a pie de campo, mientras un aficionado dejaba su vida y junto a él otros tantos corazones, con Cruz Roja en la espalda, sudaban por volverlo a oír latir en rojo, asajeando y masajeando sin parar (a sus espaldas mientras tanto toquecito va toquecito viene ) y 21.000 corazones más que no podían creer lo que estaba viendo… ¡Al menos el mío sigue incrédulo!

Algo al menos se hizo bien, porque gracias a eso y mientras un latido menos se escuchaba en el renovado Sadar, al menos se consiguió que el partido empezase a su hora y que 22 jugadores (con sus corazones sanos y latiendo a buen ritmo) pudieran calentar lo debido (Pepe pasó por medio de todos ellos pero, por desgracia, creo que ya no pudo verlo). Y, cómo no, que el partido, eso sí, comenzará a la hora en punto no sea que a las televisiones de turno se les descuadre su programación. Al final lo importante es lo importante, ¿no? Latido más, latido menos. Gracias, fútbol moderno. Va por Pepe... Y gracias, Cruz Roja.

Etiquetas:

    Continuar

    Gracias por elegir Diario de Navarra

    Parece que en el navegador.

    Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

    Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

    Suscríbete ahora