Sobre aquellos que no quieren vacunarse
Publicado el 10/10/2021 a las 08:24
Transcurrido un tiempo, más que prudencial, desde el inicio de la vacunación y con casi el 80% de la población española vacunada, uno no puede dejar de sorprenderse, entristecerse y hasta enojarse cuando piensa que todavía quedan ciudadanos que se niegan a vacunarse por diversos motivos, entre los que se encuentran teorías conspiratorias, egoísmo y cierto punto de soberbia al asumir mayores conocimientos en vacunas y virologías que los puedan tener los más renombrados expertos mundiales. Pudiera pensarse que se trata de personas con poca formación e información, pero el caso es que, entre este círculo, también hay licenciados en medicina, farmacia, y otras licenciaturas universitarias. No merece la pena hablar de los argumentos de los conspiranoicos porque siempre existirán en todos los ámbitos de la vida y el tiempo les pone en su sitio. Lo preocupante son el resto de argumentos. Si, históricamente las vacunas han precisado un tiempo de siete a diez años de investigación para validarse, pero no es menos cierto que nunca la investigación ha contado con tantos recursos como en esta ocasión y gran parte del plazo reducido corresponde también a la eliminación de trámites burocráticos que se han llevado a cabo en el último siglo por mera inercia, sin revisar si eran necesarios o no. Sí, existe riesgo cuando te inyectan esta vacuna, pero es ínfimo, mucho menor que el de otras vacunas y, por supuesto con unos efectos mucho menores que los que puede provocar una infección de coronavirus. Sí, desconocemos con certeza los efectos secundarios a medio y largo plazo pero si el 80% no hubiéramos asumido ese riesgo, las cifras de contagios y fallecimientos no se habría visto reducidas de forma tan drástica como demuestran los datos. ¿Hubieran estados dispuestos a seguir con las cifras que arrojaron la primera y segunda ola durante años? ¿Han leído la letra pequeña sobre los efectos secundarios señalados en los prospectos de, por ejemplo, el ibuprofeno? Este pequeño riesgo asumido por los que nos hemos vacunado hace que, aquellos que han decidido no vacunarse, puedan disponer ahora de centros hospitalarios y unidades de UCI sin colapsar en el caso, no deseado, que se contagien de este maldito virus. Por este motivo, solo puedo calificar a estas personas como insolidarias pues se aprovechan del esfuerzo realizado por el resto de la población. Si encima concurre la circunstancia que influyen en la opinión y omisión de vacunarse sobre su círculo familiar y de amistades, también los debo tachar de irresponsables. También tienen culpa aquellos que se dejan influenciar sin analizar de forma objetiva y coherente la información. Los datos objetivos están ahí, solo los necios pueden negarse a aceptarlos. Todavía están a tiempo de rectificar, por su bien, por su gente y por el resto de ciudadanos.