En memoria de Joseba Arregi Aramburu
Publicado el 19/09/2021 a las 09:25
Joseba Arregi Aramburu (Andoain, 1946), nacido en una familia de arraigada tradición peneuvista de Andoain, falleció el 14 de septiembre de este año en su domicilio de Bilbao, tras una larga enfermedad. Ex miembro del Euzkadi Buru Batzar, ex consejero de Cultura y ex portavoz del Gobierno Vaco durante los mandatos de José Antonio Ardanza (1985-1995), parlamentario vasco. Teólogo, sociólogo, profesor universitario, padre del museo Guggenheim, autor de varios libros y numerosos artículos, atractivo conferenciante y defensor donde los hubiera de las víctimas del terrorismo, su nombre se hizo famoso sobre todo por la ruptura con su partido y su crítica -para algunos, hipercrítica- al nacionalismo del PNV de Arzallus, jefe indiscutible en esos años, que le descalificó como uno de los “michelines” del partido. Para unos, traidor. Para muchos de nosotros, uno de los políticos más claros y valientes que hemos conocido.
Sus antiguos compañeros no han dejado de reconocer tras su muerte su espléndida etapa de “burukide” y consejero, y valorado su aportación a la promoción del euskara y al desarrollo de la cultura vasca. Nunca entendió Arregi el nefasto Pacto de Estella (Lizarra-Garazi) de 1998 del PNV y EA con ETA. No lo aceptó, lo criticó, lo repudió y acabó entonces su relación con su mundo peneuvista. Abandonó la actividad política en 2001 y se dio de baja en el partido tres años más tarde, cuando fundó la plataforma política “Aldaketa” para impulsar un cambio político en el País Vasco y en defensa de la Constitución y del Estatuto, fuera de los cuales, escribió, “no hay más que guerras civiles y fratricidas, no hay más que terror y tiranías, no hay más que asesinados y víctimas”.
Siempre próximo a las víctimas de ETA, vinculado a COVITE, fue muy crítico con una sociedad vasca que, en su opinión, no supo reaccionar ante “la intención política del verdugo”, en un país donde “se ha matado a personas, a vascos, en nombre de un proyecto nacionalista radical”. Sus libros “La nación vasca posible”; “Euskadi invertebrada”; “El terror de ETA, la narrativa de las víctimas”… fueron y son libros de cabecera para muchos de nosotros, que admiramos su lucidez, rigor y arrojo, virtudes tan escasas en ese tiempo, en un clima de miedo y de terror que duran todavía. “El problema sigue siendo -escribía en uno de sus artículos tras el cese de las armas- la defensa de la libertad y de la democracia. El problema sigue siendo que estamos más dispuestos a ser condescendientes con la izquierda nacionalista radical que con las víctimas del terrorismo y su memoria”.