Macrorresistencias frente a ETA
Publicado el 13/08/2021 a las 08:08
Del escrito de Joseba Eceolaza -Microrresistencias frente a ETA- lo primero que me llama la atención es que, al referirse a ETA, no emplee en ningún momento la palabra “terrorismo” y, hasta en catorce ocasiones hable simplemente de violencia, lo cual es todo un síntoma porque, si bien es cierto que la banda terrorista ETA empleó la violencia en sus acciones, su actuación criminal durante 41 años, con 845 víctimas mortales, 2.533 heridos, con varias decenas de secuestros, con cerca de 10.000 personas extorsionadas y miles que tuvimos que llevar escolta hizo que en nuestra sociedad se viviera algo más que violencia: un auténtico estado de terror.
También me llama la atención que a ese ambiente que llevaba aparejado la violencia de ETA el Sr. Eceolaza lo denomine “fascismo”, con lo que veo que este ex parlamentario foral de Batzarre utiliza la técnica que empezó a usar el estalinismo, y que sigue practicado a día de hoy el marxismo, que consiste en reducir a “fascismo” todo aquello que no se adhiriera al comunismo. Porque no dudo que él sabe muy bien que desde sus inicios ETA se declaró “socialista”, “internacionalista” y “marxista” y que a lo largo del tiempo no cambió ni en sus planteamientos ni en sus objetivos. Por tanto, ese ambiente no era “fascista” sino “comunista” o “marxista”.
Y es curioso que, a la hora de hablar de la resistencia a ETA, no se fije en las viudas, los huérfanos o los heridos y mutilados que en muchas ocasiones, y durante muchos años, recibieron la indiferencia de los Gobiernos y de la sociedad, ni se acuerde, tampoco, de los que se vieron obligados a abandonar su tierra y tuvieron que ir a vivir a otros lugares, o de los empresarios que se arruinaron o se vieron obligados a pagar el “impuesto revolucionario” y que, por el contrario, se centre en unos personajes de los que nos dice que fueron “antifranquistas”, “comunistas”, “personalidades de la cultura vasca” o “militantes de Batzarre” y que, como una gran cosa, nos diga que lo que les sucedió es que “recibieron una camiseta con manchas de sangre”, “les exigieron por carta que se fuera de “Euskal Herria”, “tuvieron que abandonar unos días su domicilio por precaución”, o fueron “insultados”. Es cierto que todo ello es muy lamentable y condenable, pero sería bueno que el Sr. Eceolaza nos contara si esos personajes rechazaron con la misma fuerza e intensidad desde el primer atentado mortal de ETA, el del guardia civil José Antonio Pardines, el 7 de junio de 1968, hasta el último, el de los también guardias civiles Carlos Sáenz de Buruaga y Diego Salva, que se produjo el 30 de julio de 2009 o si, por el contrario, hubo un tiempo, más o menos grande, en el que veían esas acciones de la banda terrorista con complacencia e, incluso, las festejaron en alguna ocasión. Porque alguno de esos personajes no tuvo ningún reparo en concurrir a las elecciones del Parlamento de Navarra en la misma lista que el asesino confeso y convicto del matrimonio sevillano Alberto Jiménez Becerril y Ascensión García Ortiz, que dejaron tres huérfanos menores de edad, y se sentó junto a él, para arroparle, en la sesión constitutiva de la Cámara Foral en 1999, y otros de ellos militaban en un partido que durante muchos años no condenaba los atentados de ETA e, incluso a día de hoy, se niega a apoyar en el Parlamento Europeo, como sucedió el pasado 15 de julio, con una iniciativa para que sean investigados los 379 crímenes de ETA que actualmente siguen sin autor reconocido, en una votación, en la Comisión de Peticiones de esa Cámara, que contó con el apoyo de Partido Popular, Ciudadanos y Vox mientras que PSOE y Podemos votaron en contra.
Por eso, como la lucha armada ETA ha engrosado una lista inacabable de familias rotas por la violencia, familias que a veces han recibido el calor y a veces la indiferencia de los Gobiernos y de la sociedad, no entiendo qué es lo que pretende el Sr. Eceolaza con su escrito y no quiero pensar que con él lo que quiere es reescribir la historia de esos años tan siniestros, duros y no tan lejanos en el tiempo.