La dicha es un estado placentero (I)

Ángel Sáez García|

Publicado el 03/06/2021 a las 16:22

LA DICHA ES UN ESTADO PLACENTERO No creo que haya una sola persona sobre la faz del planeta Tierra que sea sensata, o sea, que posea y use sus dos dedos de frente, que se atreva a negar lo obvio, verbigracia, lo que sigue a continuación, que la felicidad es un estado de placer. Dicho estado no debe ser necesariamente duradero, como ese era el criterio que sostenía Gottfried Wilhelm Leibniz. Acaso convenga recordar qué opinión había mantenido medio siglo antes Baltasar Gracián y Morales: “esta es la ordinaria carcoma de las cosas. La mayor satisfacción pierde por cotidiana y los hartazgos de ella enfadan la estimación, empalagan el aprecio”. ¿Quién no ha escuchado o leído alguna vez ese aserto, con visos de verdad apodíctica, de que solo los tontos son felices? Reflexionemos, habiendo hecho el trabajo intelectual previo de cepillarnos todos los prejuicios que acarreábamos con nosotros (algunos los guardábamos en los bolsillos), al respecto. Si cuanto nos disponemos a dejar aquí escrito en letras de molde es la fetén, pura y dura, ergo, incuestionable, abundaremos necesariamente con quien la sostiene y, por tanto, negaremos que las personas inteligentes puedan ser dichosas, puesto que las instruidas, por definición, no son ignorantes. Pero, como nos consta que hay personas inteligentes felices, pues, desde el punto de vista científico-experimental (amén de que los sujetos susodichos lo refieren así, el resto, los demás, espectadores del hecho, lo venimos a confirmar o ratificar), la constatación es pública, palmaria y notoria, deberíamos rechazar, por inválido, dicho dictamen. Seguramente, entre los instruidos (ellas y ellos) no faltará la o el diligente que arguya que se puede ser inteligente y tonto a la vez. Considero que le sobra razón para argumentar de esa guisa, pues juzgo que el ente inteligente es el que admite, cuando lo advierte, el comportamiento tonto que tuvo y el que tendrá cuando lo tenga, hoy, mañana o cuando sea. (Continúa.)

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