Ignacio de Loyola y Pamplona
Publicado el 26/05/2021 a las 08:05
El quinto centenario de la conversión de Ignacio se inicia el 20 de mayo, fecha de la herida de Pamplona. Una herida que cambió todo. La herida truncó sus sueños de gloria mundana y le puso en el camino de la conversión, que finalmente llevaría a la fundación de la Compañía de Jesús. Iñigo de Loyola pasó de gentihombre a ser servidor de Cristo. La Autobiografía de San Ignacio de Loyola es un testimonio estrictamente personal de su riquísima y particular experiencia desde el momento en que el Señor desbarató sus planes de grandezas caballerescas para introducirle en el camino escarpado pero fascinante del seguimiento de Cristo (Josep Mª Rambla S.J.). El Padre Gonçalves da Câmara redactó la Autobiografía en base a lo que el Padre Ignacio le dictaba. Ignacio narraba los hechos y Gonçalves anotaba y escribía el texto actual : “He trabajado de ninguna palabra poner sino las que he oído del Padre”.
El combate al que se refiere San Ignacio tuvo lugar en la fortaleza o castillo de Pamplona. La expedición militar comandada por el rey de Navarra Henri II d’Albert y el conde André de Foix, señor de Hasparren, con 13000 soldados franco-navarros tomó la ciudad de Pamplona en mayo de 1521 sin apenas oposición militar. Sólo resistió algunos días el castillo de la ciudad , en cuya defensa fue herido el capitán del ejército castellano Iñigo de Loyola, hombre vehemente y de pundonor, que cuidaba de su prestigio y buena fama e intentaba quedar bien ante sí mismo y los demás.
Vasallo leal del Emperador Carlos V, Iñigo se confesó de los pecados a un laico antes de la batalla, porque no había la posibilidad de recurrir a un sacerdote, costumbre recomendada por Santo Tomás de Aquino. Fue herido de gravedad por el impacto de un proyectil de artillería de los de tipo contundente y no explosivo. La tibia de su pierna derecha fue fracturada y la tibia de su pierna izquierda dañada. Tomó las primeras curas en Pamplona por parte de cirujanos franceses. Recibió un trato cortés y amigable por su valentía en el combate y su status de hidalguía. De Pamplona fue trasladado a Loyola. En su casa solariega se sometió a tratamientos traumatológicos y ortopédicos de carácter restaurador, enderezamientos, por parte de cirujanos, algebristas y ensalmadores . Tuvo la fortuna de no desarrollar la osteomielitis o infección del hueso o médula ósea. Contó con la providencia del Señor en todo el proceso de convalecencia. Se recuperó milagrosamente. Evitó la muerte. Tuvo que ser intervenido por tercera vez para corregir una prominencia ósea que le impedía calzar las botas militares, debiendo sufrir el “aserramiento necesario”. Las intervenciones quirúrgicas se hicieron sin procedimientos de analgesia. Auténticas carnicerías que Ignacio soportó , no mostrando señal de dolor más que apretando los puños. Los cirujanos no pudieron corregir la deformación y acortamiento de su pierna derecha. Quedó imposibilitado para la vida militar. La lectura de la Vida de Cristo de Ludolfo de Sajonia y de la Legenda aurea de Jacabo de Varazze en sendas traducciones castellanas le ayudaron a la conversión y a iniciar un camino de peregrinación, una senda espiritual. Iñigo ya era cristiano practicante antes de la herida.
A los diez meses Ignacio abandona Loyola, empujado interiormente por una voz sugerente y transformadora. Y comienza a caminar a pie. El Dr. José Ignacio Tellechea, oriundo de la localidad navarra de Ituren relata con primor en un libro de fácil y amena lectura el acontecimiento ignaciano : “Ignacio de Loyola, solo y a pie”. Recomiendo su lectura.
Enrique Iriso Lerga