La nueva normalidad huele a lo de siempre

Luisa Galindo Garzón|

Actualizado el 14/05/2021 a las 08:31

Esperábamos que el mundo cambiase después de la pandemia. Y no entendimos que quienes tenían que cambiar éramos las personas. La “nueva normalidad” decían algunos. Como si al salir a la calle esperasen que un nuevo sol alumbrase sus calles, y que el mundo girase en otros sentido. Como si de pronto, al detener el tiempo, hubiésemos sido engullidos por una agujero negro que nos transportase a otra realidad. Un mundo de luz y color, tal vez, un mundo feliz. Pero sorpresa: la realidad somos nosotros. El mundo no va a cambiar de forma espontánea, ni van a empezar a brotar habas mágicas de los árboles de la plaza, ni va a dejar de haber injusticias, ni el agua se va a convertir en vino, ni a cesar los atascos, ni las bolsas de plástico, ni los envíos de Amazon. Esperábamos salir a un mundo mejor, como animal enjaulado, visualizando el momento de echar a correr con los brazos abiertos a un mundo de posibilidades. Y aquí estamos, viendo que la nueva normalidad se convierte en la normalidad de siempre. Y ojalá que no todo, y ojalá que no todos. Y aunque la nueva normalidad huela a lo de siempre, quizás muchos han cambiado un poco, que ya es bastante.

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