La ofensiva contra el lenguaje inclusivo

Darío Fernández Graziano|

Actualizado el 29/04/2021 a las 18:42

¿Portavoza? ¿Todes? El lenguaje está cambiando siempre y, guste más o menos, se trata de una realidad imparable. Y lo normal es que esto genere controversia, tal y como ha ocurrido en otros momentos de la historia. Cuando los autores castellanos abandonaron el latín para escribir en lenguas romances y permitir que el pueblo llano pudiese leer sus obras, el clero y la aristocracia también se opusieron. Hoy son esa misma iglesia (o entornos vinculados con ella) y algunos caballeros de la RAE los que se niegan a aceptar el cambio latente. Sujeto a una mirada inquisitiva de los medios más conservadores y las élites más puristas está cualquier desliz en cuestiones de género. Y, si cuando Mariano Rajoy confundía al alcalde con los vecinos y eso no abría telediarios, sorprende que ahora, cuando se le otorga el género femenino a una palabra que no lo tenía o se propone una nueva denominación inclusiva, parezca que es el fin del mundo y que haya que lanzarse a criticarlo como si estuviéramos matando el castellano. El mundo está cambiando hacia una sociedad más igualitaria y con ello el lenguaje también abandonará la impronta del patriarcado que lo caracteriza. Intentar frenar el cambio es inútil, aceptémoslo y seamos el pueblo, como siempre hemos sido, los que dominemos el cambio. Y es que, por lo general, quien trata de evitar que cambie el lenguaje lo hace porque sabe que nuestra voz, que la palabra, es la primera herramienta para cambiar el mundo.

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