Opinión

"Todos esos valores que no vi en otros sitios los vivo en el balonmano cada vez que se pone bajo los palos de la portería. Y como yo, todos los padres y madres del equipo"

25 años después de la mayor hazaña deportiva del Portland soñamos con que otro equipo navarro vuelva a reinar algún día en Europa. ¿Por qué no?

Parada del portero en un partido de balonmano
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Parada del portero en un partido de balonmano

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Íñigo González

Publicado el 30/04/2026 a las 08:59

La que sigue es una oda al balonmano de alguien que jugó al baloncesto y trabajó con el fútbol. Sí, suena a galimatías, a incoherencia vital. Pero así se escribe la historia personal de muchos, con descubrimientos, evoluciones y reencuentros entorno a un balón. Ha sucedido esta semana y por sorpresa. Al dar la vuelta al periódico tras disfrutar de la tira de Oroz y encontrar una portada histórica: los héroes del Portland San Antonio que alzaron la Copa de Europa, reunidos 25 años después de aquella gesta deportiva. Me dibujó una sonrisa en la boca. 

Reconozco que en aquel abril de 2001 el balonmano no entraba en mi top 3 deportivo pese a que ya había cosechado con sudor una legión de seguidores en Navarra. Pero sí me fue enganchando después, sobre todo en mis primeros años en la sección de deportes. De hecho, uno de mis mejores recuerdos como periodista fue celebrar una Liga Asobal ganada en la pista del Ademar de León que me tocó cubrir al sustituir al gran Josetxo Imbuluzqueta, una de las personas que más ama al balonmano en Navarra. Fue un mayo de hace dos décadas. Pero después, con la trágica desaparición del Portland, aquella pasión también se fue. 

Hasta ahora. El segundo de los herederos dio la sorpresa hace unos años al elegir jugar a balonmano en una familia de baloncestistas. Y ha sido ahí, viéndole crecer en el club del pueblo, donde los valores de este deporte me han cogido por la solapas y levantado en el aire. Como en una buena defensa entre pivotes. Respeto, deportividad, juego en equipo, compañerismo, fuerza, destreza, competitividad —sí, también— pero, por encima de todo, ganas de pasarlo bien. 

Todo eso que no vi en otros sitios lo vivo en el balonmano cada vez que M. se pone bajo los palos de la portería. Y como yo, todos los padres y madres del equipo. Vibramos con ellos, gritamos, viajamos donde sea y les seguimos animando aunque Anaitasuna A nos vaya ganando de 15. Qué más da. Aplaudimos al rival después de cada partido y ellos hacen lo mismo con nosotros. Siempre. En todas las pistas. Y así, soñamos con que otro equipo navarro vuelva a reinar algún día en Europa. ¿Por qué no?

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