Una mujer extraordinaria

Lázaro Ibáñez|

Publicado el 07/04/2021 a las 08:15

Unas palabras y un recuerdo muy sincero a una persona que, sin ninguna duda, nos ha marcado un camino a seguir. Toda una vida entregada a la lucha por la libertad con mayúsculas, por la causa de los más necesitados, en todos los sentidos.

María Teresa de Borbón Parma, hace en este mes un año que nos dejó en París, víctima de esta brutal e inhumana pandemia del covid. Para nosotros era y siempre será un ejemplo de militancia carlista a tener muy presente; mujer generosa, luchadora infatigable por la liberación de los pueblos y las personas, dentro de una opción en la que el Federalismo era el camino a seguir. Solidaria con todas las ideas progresistas, siempre apostaba por derrumbar los muros de injusticia; lo suyo era construir puentes de solidaridad y entendimiento entre las distintas organizaciones, esa era siempre su actitud como forma de resolver los conflictos. El diálogo, el escuchar al diferente en todos los sentidos, era su ADN y su forma de entender la vida. Sus esfuerzos en sus últimos años de su vida los dedicó sobre todo a Cataluña, lugar en el que pasaba temporadas muy de continuo, aportando propuestas y diálogo a las reivindicaciones demandadas por el pueblo catalán.

Muy conocedora de la situación, abogaba por la palabra convivir en el marco del federalismo, como forma territorial de entender las Españas, posiciones defendidas por el carlismo, a lo largo de sus casi doscientos años de existencia. Jamás dijo no cuando se le convocaba para defender a los más pobres y oprimidos por el sistema neoliberal. Siempre podía y estaba dispuesta para un encuentro, una conferencia; el día se le hacía corto y el compromiso era su forma de entender esta vida. (curiosidad revolucionaria). Así llamaba ella a su entrega en la búsqueda de soluciones. Se convirtió en una estudiosa de todas las experiencias y formas históricas de construcción del socialismo humanista, de la autogestión y últimamente del Islam y de la causa palestina. Era un faro de luz en la oscuridad de estos tiempos, convencida de la palabra como símbolo necesario para convivir, era su obsesión con mayúsculas, nunca se rendía a las dificultades. Estudió el árabe, como forma de entender ese mundo tan conflictivo. Era profundamente cristiana y practicante y con mucha fe en lo que hacía y defendía. Sentía una gran admiración por el papa Francisco y tenía mucha sintonía con sus posiciones, de quien comentaba sus enseñanzas con entusiasmo y alegría.

Se nos fue en silencio y en soledad por esta maldita pandemia, pero su voz y su ejemplo, así como el de D.Carlos, permanecen y permanecerán siempre en nuestro corazón, estando muy presentes en las luchas en que participamos las mujeres y hombres carlistas, por alcanzar una sociedad más justa y solidaria donde seamos capaces de saber convivir (...).

Lázaro Ibáñez

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