¿Intuitivo? ¡José Ortega y Gasseet! (II)
Actualizado el 08/04/2021 a las 08:41
(Sigue.) Como no hay profesor ni maestro que aventaje en actitud didáctica y aptitud pedagógica al proverbial fray Ejemplo, pondré uno, cinematográfico, clarificador. La película “Descubriendo a Forrester” (2000), dirigida por Gus Van Sant, que me encanta y exhibiría, seguramente, cada inicio de curso en mis clases de Literatura (lo propio haría, asimismo, con “El club de los poetas muertos”, 1989, de Peter Weir, y “El club de los emperadores”, 2002, de Michael Hoffman), si ejerciera de profesor de dicha asignatura en un Instituto de Enseñanza Secundaria, es aleccionadora y un epítome de cuanto he referido unas líneas más arriba. Y es que considero que algunas obras del séptimo arte son estupendas herramientas, o sea, piezas educativas inigualables, para complementar la tarea asignada o completar el puzle, enseñar literatura. No debemos olvidar que todas se basan en un guion, texto escrito, original o adaptado. Para no repetirme, mando al atento y desocupado lector al texto que publiqué el pasado 11 de febrero en mi bitácora y rotulé así, “¿Por qué me enamoré al instante de Iris?”, donde en la segunda parte del mismo doy las claves y explico, grosso modo, por qué los dos protagonistas se salvan mutuamente varias veces a lo largo de dicho filme. Ángel Sáez García angelsaez.otramotro@gmail.com