Democracia y transfugismo

Eduardo Aya Onsalo|

Publicado el 27/03/2021 a las 09:33

O, dicho de otra forma, libertad o servilismo, por lo que son los denominados tránsfugas, quienes hacen que sea posible conservar un rescoldo de fe en la clase política y la democracia.

No es verdad que, como los partidos políticos aducen, los ciudadanos voten a los partidos y que, consecuentemente, los senadores o diputados deban renunciar a sus actas cuando abandonen su disciplina. Los ciudadanos votan, eso sí, a unos candidatos incluidos en unas listas, pero si votasen a los partidos sería indiferente quiénes fueran los candidatos, y no lo es en absoluto pues los partidos incluyen a los candidatos en razón a su prestigio y la confianza que despiertan en el electorado, y el prestigio y la coherencia son inalienables, de forma que a nadie se le puede exigir comprometerse a votar en contra de su conciencia, que es lo que persiguen los partidos políticos al exigir la disciplina de voto.

Lo dicho podría no tener más valor que la mera opinión personal, pero resulta que es también lo que dice nuestra Constitución, lo que me atrevería a mantener ante quien dijese lo contrario aunque ese alguien fuera, dicho sea con todo respeto, el Tribunal Constitucional, y como tan desmedida petulancia exige una justificación, me apresuro a darla.

La Constitución prescribe en su Art. 67.2 que “los miembros de las Cortes Generales no están ligados por mandato imperativo”, y en el 79.3 que “el voto de Senadores y Diputados es personal e indelegable”, y sería absurdo sostener que el voto no pueda ser delegado pero pueda ser cautivo, es decir que aunque los miembros de las Cortes tengan prohibido delegar su voto puedan estar obligados a acatar las órdenes ajenas en cuanto al sentido del mismo. Aunque no creo que el tema pueda estar más claro, se me ocurre compararlo con lo dispuesto en el art. 670 del Código Civil, según el cual “el testamento (sustitúyase por el voto) es un acto personalísimo: no podrá dejarse su formación, ni en todo ni en parte, al arbitrio de un tercero, ni hacerse por medio de comisario o mandatario”, y nunca nadie ha pretendido la insensatez de sostener que el testador pudiera estar obligado a acatar instrucciones de esos terceros.

Consecuentemente, todo compromiso de disciplina de voto es nulo y debería de exigirse su supresión de los estatutos de los partidos políticos, y aunque es obvio que sin disciplina de voto sería más difícil gobernar, eso es bueno pues obliga a ganarse cada voto en cada decisión. En democracia no se trata de vencer con el arma de la imposición, sino de convencer con el arma de la razón. (...) Los tránsfugas hacéis ejercicio de vuestra libertad y respeto a la legalidad. Cuestión diferente será la motivación de cada uno, que si es espuria pesará sobre su conciencia.

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