Sergio y el lenguaje inclusivo
Publicado el 25/03/2021 a las 08:18
Mi amigo Sergio no es precisamente un licenciado en Filología Hispánica. Del latín que en su día estudió en el Instituto de la Plaza de la Cruz con la culta profesora Sta. Cerezo, recuerda las declinaciones y poco más.
Sin embargo, mi amigo está intrigado y preocupado porque el denominado lenguaje inclusivo, que busca personalizar la presencia de mujeres y hombres al hablar o escribir , puede tener una serie de inconvenientes si no se actúa razonablemente.
La lengua castellana, lengua romance, proviene fundamentalmente del latín.
Las palabras que derivan de la primera declinación latina terminan generalmente, en castellano, en la letra A. Las que derivan de la segunda y cuarta declinación terminan en O. Hasta aquí no hay mayor problema si se “feminizan” tales vocablos: bueno-buena; abogado-abogada.
Las palabras castellanas que provienen de la tercera y quinta declinación latina terminan, en castellano, en consonante o en la letra E. Y en estas palabras está la mayor dificultad . Ejemplos de este desdoblamiento genérico: pobre-pobra; humilde-humilda; honorable - honorabla; servil - servila ; genial - geniala ; joven -jóvena, etc... Palabras que, al decir de Alfonso X el Sabio en su Crónica General, “non son en castellano derecho".
Por determinadas presiones o a la fuerza, ¿se acuñarán palabras que chirrían fonéticamente y se impondrán circunloquios innecesarios que quitan agilidad al idioma?
Es más bien el uso el que debe introducir las palabras al caudal lingüístico. “El uso es el árbitro y la ley del lenguaje”, decía Horacio en la carta a los Pisones.
Los movimientos feministas reclaman un lenguaje que represente a todas las personas. Muy bien; pero creo acertada una frase de Manuel Sarobe en Diario de Navarra de 21 -2- 2021 : “Corrijamos el sexismo, pero no a costa de destrozar el idioma".
Además, ante ciertas corrientes revisionistas, ¿cuestionaremos las grandes obras de la literatura española y extranjera?
Que nuestros gobernantes recurran a la Real Academia de la Lengua Española (RAE) - que para eso está - y cuyo cometido se resume en su propio lema: “limpia, fija y da esplendor".